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¡Sobre procesos de facilitación efectivos… y viajes!

En el marco de la iniciativa del DepartamentoBizkaia Orekan, el pasado viernes celebramos una interesante sesión dinamizada por el equipo de Orkestra en torno a cómo enfocar los procesos de facilitación.

Vista la experiencia previa en una sesión anterior allá por Junio de 2016, la cita estaba marcada con muchos asteriscos. Sabíamos que era una oportunidad magnífica para cuestionarnos nuestros modos de hacer y para descubrir nuevas claves en esto de la dinamización de equipos y proyectos.

Miren Larrea fue, nuevamente, la encargada de llevar la sesión apoyada por otras 3 personas del equipo de Orkestra, James, Ainhoa y Mercedes. La audiencia entregada la componíamos 7 personas del Departamento y 6 de Beaz.

La sesión estaba diseñada como una píldora formativa para enfocar el papel que los actores y actrices facilitadoras pueden desempeñar en los procesos de desarrollo territorial. Se trataba de exponer propuestas en torno a los roles y las capacidades (individuales y colectivas) de las personas facilitadoras del desarrollo territorial.

En el ámbito del desarrollo territorial (DT) conviene distinguir el rol de actor/actriz, correspondiente a aquellas personas/entidades que toman decisiones y actúan, del rol de las personas facilitadoras que consiste en la generación de las condiciones para que otras entidades reflexionen/decidan/actúen.

Por ello una cuestión muy importante que se planteó en la sesión es cómo combinar ambos roles, máxime en un contexto donde interactúan diversas actrices del DT.

Para dar mayor interés a la sesión Miren anunció, desde el principio, que nos traían especialmente una invitación a participar en un viaje. Lo cual hay que reconocer que fue una forma muy sugerente de iniciar la sesión y fijar la atención.

En relación a los roles de las personas facilitadoras en los procesos de DT se apuntaron los siguientes:

1.- Crear espacios de diálogo (Que no es tanto una cuestión de hablar, de hecho esto es a veces el peligro).

Se trata de crear espacios de mutua influencia, donde a través de las conversaciones se creen relaciones orientadas a la reflexión/acción. Espacios de diálogo donde los roles y los distintos juegos de poder queden claros y donde todas las partes encuentren su espacio propio.

2.- Construir una visión compartida (muy diferente a pensar todas lo mismo, de hecho no es deseable).

Dada la complejidad de las cuestiones que se abordan en los procesos de DT se trata de entender las distintas posiciones existentes y de establecer mecanismos para un auténtico proceso de construcción social basado en la intersubjetividad.

3.- Gestionar los conflictos.

En los procesos de DT donde conviven distintas entidades, distintos intereses, distintas posiciones, el conflicto (implícito o explicito) es inevitable, lo cual requiere saber gestionarlo.

Sabiendo que explicitar cualquier conflicto requiere “pagar un precio” es fundamental decidir qué tipo de conflictos hay que abordar (en general aquellos que paralizan los procesos), elegir bien el momento idóneo para hacerlo y cómo hacerlo de manera constructiva e inclusiva.

4.- Construir relaciones de confianza.

Para ello nos animó a hacerlo pasando de forma rápida de las palabras a la acción, pues como dice aquel adagio “las palabras conmueven, el ejemplo arrastra”.

5.- Construir agendas compartidas.

Se trata de encontrar acuerdos que nos permitan actuar de forma conjunta. Muchas veces no tanto desde los QUÉs (que también) sino desde los CÓMOs. Y es que no pocas veces construir las soluciones implica especialmente trabajar los cómos.

6.- Conectar la teoría y la práctica, reflexión y acción.

Es básico articular bucles continuos de reflexión/acción para estar muy pendientes de todo aquello que va emergiendo en el proceso y tengamos capacidad de respuesta inmediata a todo aquello que sea especialmente significativo para provocar nuevos cursos de acción.

Tras estas propuestas se abrió un debate del que rescato algunas ideas:

  • Explicitar estas cuestiones contribuye a que nos demos cuenta de factores que intervienen en nuestra acción y sobre los que hay que profundizar. Saber formular preguntas poderosas que hagan emerger lo que ocurre, lo que sentimos en este tipo de procesos.
  • La importancia de reducir la distancia entre la gobernanza y la gente que trabaja en el día a día.
  • Es fundamental que quién facilita sea capaz de construir un relato compartido que incluya las distintas aportaciones para que todas se sientan parte de un proyecto colectivo.
  • La escucha activa que se requiere tiene que completarse con apertura para dejarse influir por otras opiniones.
  • Hay que superar la distinción entre nosotros y ellos, sabiendo que dentro de cualquier nos_otros hay diferentes otros.
  • Es importante trabajar bien el “para qué” del proyecto sabiendo que conviven distintos “para qués” con los que hay que hacer encaje de bolillos para construir espacios de acuerdo.
  • Un reto permanente es mantener viva la llama del proyecto para lo cual es importante que haya feedback continuo que nos permita decidir cuando es fundamental conectar con el origen del proyecto y cuando es mejor ir reinventándose.
  • La facilitación es un proceso en cascada. Cuando una organización entra en un proceso de esta naturaleza es importante entender las implicaciones que tiene, trabajar la coherencia interna entre el decir y el hacer e ir interiorizando que “esto” de la facilitación cambia las formas de hacer.
  • En no pocos procesos surgen las “mochilas” del pasado que hay que saber gestionar para ir aligerando esos obstáculos para la acción y la relación.

Posteriormente entramos en el análisis de las capacidades individuales y colectivas para la facilitación. Entre las individuales Miren citó las siguientes:

1.- La capacidad de convocar. Se trata de aglutinar intereses para que las personas que participen estén de forma activa y con compromiso.

2.- La capacidad de leer el proceso. Se trata de interpretar lo que está ocurriendo, incluso lo que subyace. Ver las conexiones entre las distintas narrativas e interpretar lo que (no) se dice, para entender la realidad y poder vislumbrar caminos de avance.

3.- La capacidad de inducir la reflexión sobre el proceso. No es hacer sino facilitar que otros hagan desde sus propias motivaciones en armonía con las del resto del equipo.

En este sentido Miren abogaba por impulsar un proceso emergente en el que cada visión enriquezca y ensanche el proceso sin perder el foco. Es por tanto una cuestión de saber equilibrar múltiples posiciones.

Por último como capacidades colectivas expuso las siguientes:

1.- La capacidad de visualizarse como sujeto-territorio. Se refiere al sentido de identidad del territorio que tenga en cuenta las diversas interacciones que existen entre los diversos actores y actrices del territorio desde un punto de vista sistémico. Sin esta capacidad de verse colectivamente como sujeto, es difícil impulsar el proceso de DT.

2.- La capacidad de diálogo territorial. Entendida como apertura a la mutua influencia y orientada a la acción transformadora.

3.- La capacidad de práxis, referida a la conexión reflexión/acción. Se trata de trabajar la coherencia y reducir el gap entre lo que se dice y lo que se hace para no socavar la legitimidad de este tipo de proyectos.

4.- La capacidad de acción colectiva. Se trata de saltar de la sinergia entre ”tú y yo” a la construcción de un “nosotros” que es más que la suma de ambos. Cambiar el lenguaje contribuye a cambiar las relaciones entre agentes.

Y como lo prometido es deuda, al llegar a este punto Miren nos convocó a un viaje.

Ella junto con Pablo Costamagna han escrito un libro: “Actores facilitadores del desarrollo territorial”.

Por lo que cuenta su escritura ha sido un viaje de sus propias experiencias en este tipo de dinámicas. Pero… el libro no quiere quedarse en su forma papel sino que quiere volar hacia una versión digital en la que todas aquellas personas que se sientan convocadas puedan/podamos participar en su reescritura.

En este sentido lo conciben como un espacio de encuentro en el que se plantean preguntas que esperan respuestas diversas, se estructuran “paradas” en las que enfocar los análisis… para al final llegar a una plaza común, a un ágora en la que se pueda ir constituyendo una comunidad con aquellas personas que trabajando en estos ámbitos apuesten por el intercambio colectivo como forma de aprendizaje.

Y así el libro florecerá y dará nuevos frutos en función de lo que esa comunidad sea capaz de ir aportando.

Particularmente me encantan las metáforas de los viajes así que me parece una invitación muy interesante para aprender y compartir aventuras en este viaje interminable.

Gracias a Miren Larrea y al equipo de Orkestra por sus aportaciones y por hacer esta propuesta de viaje-aventura tan atrayente.

Arbela. Bideak Eginez.