¡2020, un año para no olvidar!

Cuando iniciábamos este año 2020 en el recién creado Servicio de Desarrollo Comarcal lo afrontábamos con mil y una ilusiones y proyectos que queríamos materializar en 2020.

Se trataba de redefinir la estrategia de Bizkaia Orekan para profundizarla, para activar nuevas y mejores relaciones con y entre las agencias de desarrollo local y comarcal, para revisar los modelos de gobernanza de forma que la colaboración fuese el criterio de referencia comarcal, para identificar nuevos retos que dieran respuesta a la triple transición demográfico-social, ecológica-energética y tecnológica-digital.

Así que con la ilusión por bandera elaboramos listas de objetivos, definimos planes de actuación, nos propusimos nuevos retos… como si 2020 se fuese a comportar como los años previos.

Pero lo que no sabíamos es que 2020 tenía su propio propósito y desde luego no estaba dispuesto a comportarse como el “normal” 2019.

Un pequeño virus que pronto se transformó en pandemia nos interpelaba sobre cómo afrontar este nuevo escenario de confinamientos, restricciones, distancia social, emergencia sanitaria, miedo social, paralización de la actividad económica, modificación radical de las relaciones sociales…

En la parte que nos correspondió activamos mil reuniones y propuestas para paliar en la medida de lo posible ese primer impacto del COVID19.

Fueron meses de aceleración, improvisación, mucha intensidad, donde lo esencial era volver a la “normalidad”.

Semejante estrés nos daba la sensación de que, al menos en la parte que nos tocaba, estábamos volcados en dar el mejor de los servicios posible y de alguna manera nuestra contribución estaba siendo útil.

La apuesta estaba especialmente en mantener la cercanía con las agencias de desarrollo local y comarcal y en facilitarles la información que demandaban.

Por otra parte, se trataba de revisar de forma urgente las propuestas de nuestros programas para adaptarlos a la nueva realidad.

Aunque con esa sensación de servicio convivía un creciente cansancio que iba minando la energía.

Éramos conscientes de que ese ritmo y esa aceleración no era sostenible aunque sí necesaria en esos momentos iniciales de urgencias.

¡Ciertamente 2020 ha sido un año para no olvidar!

Cuando a finales de mayo empezamos a tener un cierto respiro con el levantamiento de las restricciones más duras del confinamiento parece que nos aliviamos y que todo podía empezar a volver a la “normalidad” aunque poco a poco.

Pero 2020 no se conformaba con ser una gran tormenta o un tsunami. Su intención tenía mayor carga de profundidad.

Esa primera etapa nos ayudó a comprender algunas cuestiones importantes cómo poner en el centro las cuestiones claves en el sostenimiento de la vida, nos enseñó a valorar a muchos colectivos invisibilizados, nos hizo tomar conciencia de las consecuencias de la debilitación del sistema público sanitario, nos ayudó a descubrir la importancia de lo local, de los pequeños detalles, de las redes de solidaridad para fortalecer los cuidados…

El verano, aunque diferente, tuvo cierta flexibilidad y nos dio cierto margen de maniobra social.

Pero lo que había pasado era tan sólo la primera ola. La segunda nos aguardaba paciente.

Y otra vez vuelta a la frustración, al estrés, a la llamada a la vuelta a la normalidad, a la esperanza puesta en una vacuna desarrollada a toda carrera en competencia entre los laboratorios que veían el negocio de sus vidas.

Y la pausa, ¿para cuándo?

De hecho en el post que escribimos en este blog el 18 de marzo señalábamos que éste era un tiempo para la serenidad y la calma.

Aunque hay que reconocer que aunque así lo decíamos para nada así lo hemos practicado.

Por eso, ahora que estamos viviendo el final de este año 2020 e intuimos que tampoco 2021 va a ser un año “normal”, más que nunca reivindicamos el valor de la conversación con las agencias de desarrollo local y comarcal para descubrir de forma conjunta vías de avance para afrontar de manera colectiva esta situación que nos sigue interpelando de manera radical.

Seguramente así podremos saltar al Bizkaia Orekan Sakonduz que soñamos.

Algo de esto ya se vio en el evento del pasado 18 de diciembre donde se mostraron ejemplos concretos de proyectos en colaboración para afrontar desafíos imposibles en clave individual.

Donde se percibió el potencial que emerge cuando encontramos entidades con las que aliarnos para poner en valor las capacidades complementarias de nuestro ecosistema.

De hecho, el evento se planteaba especialmente como un lugar de encuentro para afianzar las relaciones con y entre las agencias de desarrollo local y comarcal desde la cercanía y la coordinación estrecha.

Cómo la pandemia ha venido a explicarnos, los desafíos son comunes y afrontarlos adecuadamente requiere co la bo ra ción. Algo que se dice tan fácil como difícil se practica.

La primera condición para colaborar es… querer hacerlo. Lo que a su vez requiere que pasemos de pensar en el Yo a pensar en Nosotros y Nosotras. Porque sólo hay esperanza cuando desde la diversidad, desde la heterogeneidad ponemos en común con GENEROSIDAD las capacidades que cada quién tenemos.

Con la que está cayendo, y va a seguir cayendo, si queremos que el futuro tenga color esperanza solo queda unirnos desde lo local.

Con humildad y ambición.

Con generosidad y entrega.

Con aportaciones asimétricas.

Definiendo para cada situación los roles que cada quién podemos desempeñar para el bien común, más allá del individual.

En un año “normal” en enero, como en el resto de los eneros debiéramos estar “planificando”, aunque me atrevo a hacer una propuesta alternativa/complementaria.

Que sea un mes de pausa y de reflexión para la acción.

Que no nos presionen las prisas sino que nos ilusionen los sueños.

Que activemos conversaciones de manera individual y colectiva para ver cómo crecer de forma colaborativa y cuál puede ser la aportación genuina de cada quién en este proceso.

Así que, estos días de cierre de 2020 pueden ser desde ya días donde hagamos una pausa personal para tomar conciencia de lo aprendido en este complicado año.

Ciertamente 2020, especialmente para las personas que han sufrido o perdido seres queridos, tendrá una connotación muy dolorosa. ¡Todo nuestro ánimo y apoyo para ellas!

Ahora de lo que se trata es de afrontar en 2021 los nuevos/viejos retos incorporando las lecciones aprendidas en este especial 2020.

Y tal vez ¿por qué no?, algún día cuando volvamos la vista atrás encontremos que en este 2020 comprendimos que la normalidad era el problema y que lo que hacía falta era transitar a formas más sanas de vivir y relacionarnos.

¡Y en ese caso, todavía más, encontraremos que 2020 fue un año para no olvidar!

Discussion Area - Leave a Comment




*

Arbela. Bideak Eginez.