Un mar de fueguitos

Sigo dando vueltas a cómo articular una propuesta para 2019 en relación con la creación de espacios para compartir aprendizajes.

En la entrada anterior comentaba que una de las primeras acciones iba a ser “ identificar en torno a 10-12 experiencias en gestión cuyas personas responsables quisieran ser cómplices proactivas de este movimiento a través de la difusión de sus experiencias”.

Y por eso de las casualidades me acaba de llegar de nuevo el famoso microrelato de Eduardo Galeano, “un mar de fueguitos”. El texto dice así:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
Con esa inspiración me he dado cuenta de que todas las experiencias son dignas de ser contadas, que de todas se pueden extraer aprendizajes.

Que a veces transitamos por la oscuridad y que la mejor forma de aplacar los miedos es conocer otras historias de situaciones similares para saber que no estamos solas, que existen caminos y que lo importante es saber encender el fuego que nos anida.

Las buenas prácticas son muy interesantes aunque en ocasiones las sobrevaloramos. Pareciera que las prácticas sólo son valiosas cuando sus resultados las avalan.

Y mientras tanto hay numerosas experiencias valiosas que no se ven. No nos engañemos no siempre el esfuerzo tiene resultado (al menos a corto plazo).

Así que pensando que el objeto de esta acción es llegar a todo tipo de organizaciones, estimo que cualquier experiencia pude ser digna de ser contada, compartida.

A veces la clave está en lo que brilla y a veces en lo que no se ve o en lo que no queremos ver.

Así que creo que va a ser importante dar espacio a todo tipo de experiencias: buenas, malas y regulares. Con la única condición de que haya apertura para compartir, sinceridad en el relato y disposición para cambiar.

Seguro que nuestro propio fuego interior o el calor de otros fuegos cercanos pueden hacer la alquimia de transmutar los metales pesados en oro.

¡Gracias Eduardo Galeano por hacérmelo ver!

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Arbela. Bideak Eginez.