IGL 2017: Buscando ideas para mejorar los programas de promoción de la innovación

En el marco de la reflexión que estamos llevando a cabo en el Servicio de Innovación para tratar de mejorar nuestros programas, el pasado 13 de junio Unai Castro y quien suscribe volamos a Barcelona en busca de ideas y con la intención de conocer más de cerca las experiencias que existen en otros lugares del mundo en el ámbito de la innovación. Allí asistimos a la Innovation Growth Lab Global Conference 2017, organizada por la fundación Nesta, y que en torno a las políticas de la innovación y del crecimiento congregó a más de 200 personas de 32 países procedentes de administraciones públicas, fundaciones, centros de investigación, agencias intermedias de desarrollo, entidades financieras, empresas de consultoría y otros agentes privados.

La conferencia se celebró en dos días, con una jornada inicial dedicada a la conferencia propiamente dicha, distribuida en 2 sesiones centrales y 9 paralelas, y una jornada adicional (el 14/06/2017) dedicada al Policy & Practice Learning Lab, en el que se trabajaron nuevos modelos de promoción de la innovación, apoyo al intraemprendimiento y de aceleración del crecimiento empresarial.

El formato de sesiones era muy ágil estaba planteado para fomentar la participación de los asistentes, a través de dos o tres ponencias de apertura, breves y muy orientadas a generar debate y reflexión en torno a un tema principal, para posteriormente, dedicar una gran parte de la sesión a preguntas y opiniones de los asistentes o del moderador. De este modo, lejos de plantear verdades absolutas o conceptos indiscutibles, el resultado de cada sesión terminaba siendo una recopilación de experiencias, ideas y valoraciones, que cada asistente ordenaba y ponderaba en función de su propia experiencia y del interés y las expectativas puestas en cada tema.

En mi caso particular, pude anotar una serie de ideas que pueden clasificarse en torno a cuatro ideas:

  1. Una de mis principales expectativas era conocer lo último en los ámbitos de la industria 4.0 y el análisis de big data. Sin embargo, la realidad es que si hubo un aspecto en el que se puso el foco a lo largo de la conferencia, lejos de ser las últimas tendencias en tecnología, ése fueron las personas. Y es que todas las opiniones apuntan a que son las capacidades y cualificación de las personas el aspecto clave que determina cualquier política de desarrollo tecnológico, independientemente de la perspectiva que adoptemos: así, desde una perspectiva de empresa la cualificación de los empleados es un factor esencial para que la transferencia de tecnología sea o no exitosa, es decir, rentable; y desde una perspectiva más amplia, de país o de sociedad, resulta fundamental que las políticas educativas tengan en cuenta las capacidades digitales y tecnológicas que el mercado va a demandar como consecuencia de los fenómenos de automatización y computerización, así como que existan políticas que promuevan la re-capacitación de la fuerza laboral para adaptar el tejido productivo y revertir así los impactos negativos (desempleo masivo) que dichos procesos amenazan con generar. Todo ello, sin olvidar que la formación no puede nunca perder de vista la esencia de cada trabajo; por ejemplo, en la producción de videojuegos, en los países de formación digital avanzada, lo que verdaderamente necesitan son contadores de historias (story-tellers).
  2. Sin perder de vista lo anterior, es evidente que la tecnología es un factor clave de competitividad y que los retrasos en la incorporación de la misma pueden implicar a las empresas pérdidas de competitividad e incluso dejarlas fuera del mercado. Sin embargo, la transferencia de tecnología sólo es realmente efectiva si la empresa tiene interiorizados unos mínimos estándares de gestión que le permitan definir sus necesidades tecnológicas y rentabilizar las ventajas de la tecnología adquirida y siempre que la posición tecnológica de la empresa no sea excesivamente elevada, ya que en ese caso los requisitos y necesidades de personalización suelen ser excesivamente altos para las posibilidades del mercado.
    Se ve, por tanto, que no es efectivo aplicar el mismo tipo de política a todas las empresas, sino que hay que complementar las ayudas a la inversión, eficaces en el segmento medio de empresa, con otras actuaciones que en las empresas que no alcanzan los mínimos citados deben orientarse a fomentar las mejoras en gestión y cualificación, y en empresas gestionadas en clave de excelencia, deben priorizar el apoyo a proyectos de I+D.
  3. Si de algo se habló en los diferentes foros y talleres fue de que las políticas públicas deben estar basadas en evidencias, para lo cual es preciso testar los diseños previos de las políticas a través de experimentos y revisar dichos diseños en función de los resultados obtenidos.
    Ahora bien, esa experimentación requiere que se den ciertas condiciones técnicas de partida en las política a ensayar (muestra e indicadores adecuados, factibilidad de la modificación, indicadores definidos, etc.) así como otras premisas no menos importantes, como son la existencia de un contexto basado tanto en regulaciones y acuerdos o de una cultura de aceptación del fracaso.
  4. Una forma de entender las oportunidades y necesidades que se nos presentan a las administraciones que trabajamos en el ámbito de la promoción económica es considerar que existe un ecosistema conformado por todos los agentes implicados (Administraciones Públicas, Universidades y sector educativo, empresas, y otros agentes), que presentan una serie de interrelaciones que hay que cuidar, y que requieren de acciones destinadas a fomentar entre ellos la colaboración y la difundir del conocimiento (buenas prácticas, enseñanzas, etc.).
    El cuidado de ese ecosistema exige, además, que la búsqueda de beneficios vaya más allá que la simple consecución de crecimientos a corto plazo; requiere incluir entre los objetivos de las políticas el lograr que los crecimientos sean inclusivos, es decir, que tengan un saldo de beneficio neto en la comunidad, lo cual obliga a valorar cómo afectan las ayudas al resto de agentes del sistema (one firm’s gain is another firm’s pain).

En resumidas cuentas, y partiendo de la premisa de que no hay fórmulas mágicas, lo que los nuevos tiempos requieren de las administraciones públicas es que sean capaces de innovar en el diseño de las propias políticas que ponen en marcha y, eso sí, que lo hagan basándose en evidencias y sean capaces de contrastar sus resultados, condiciones necesarias para que las políticas funcionen y generan la necesaria credibilidad en la sociedad.

Luis Becerra

2 Responses to “IGL 2017: Buscando ideas para mejorar los programas de promoción de la innovación”

  1. Gracias, Luis. Estas ideas son una pequeña sacudida a nuestros clichés, en los que nos refugiamos para no innovar en políticas públicas.

    Es muy interesante la visión de que debe haber instrumentos diferenciados que se enfoquen en empresas en distintos niveles de gestión y de capacitación de sus personas. Y también la necesidad de experimentar para tener evidencias, pero sin hacernos trampas al solitario para no entrar en juegos de suma cero.

  2. […] con la referencia a la no existencia de fórmulas mágicas con la que Luis Becerra acaba su post sobre el Congreso Innovation Growth Lab 2017, me gustaría añadir un par de líneas más en relación a la […]

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