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¿En qué color está tu semáforo?

En el contexto de un reto que estamos trabajando de manera colectiva con diversos organismos de Busturialdea, Lea Artibai y Durangaldea se me ha ocurrido escribir este texto con algunas sensaciones de lo que estamos madurando. Y nada mejor que compartirlo.

¿En qué color está tu semáforo?

La situación que nos toca vivir es la que es.

Puestos a elegir algunos atributos podemos decir que, entre otras cosas, la realidad es compleja, incierta, acelerada… Aunque para ser más precisos bastaría con volver a incidir en que ¡Es lo que es!. Y eso ni es bueno ni es malo. Como siempre todo depende del color del cristal con que se mire.

Y es que desde la mirada de cada quién interpretamos la realidad como algo lleno de problemas, de oportunidades, de amenazas, de posibilidades, 50/50, 80/20, 0/100…

Observamos la situación de las empresas y vemos que conviven realidades muy diversas, incluso antagónicas. Y es que los equipos directivos ante realidades muy parecidas desarrollan reacciones muy diversas. Todas respetables aunque unas más sanas que otras.

En Bizkaia, cómo en otros lugares, el tejido empresarial lo conforman empresas de un tamaño reducido, con unas estructuras de gestión modestas, donde los y las gerentes tienen que hacer de todo, y la mayoría de las veces se sienten en una profunda soledad. A su vez las personas que trabajan en esas organizaciones sienten que pintan poco, que no se aprovechan su potencial, que les falta información y que no entienden del todo el sentido del trabajo que realizan.

Los mensajes que les llegan de las administraciones y de los “expertos” es que tienen que crecer, que innovar, que internacionalizarse, que establecer alianzas, que dar más espacio a sus personas, que diversificarse y desarrollar nuevos productos/servicios …y así una ristra inacabable de “qués”

Mientras ellas sienten que bastante hacen con sobrevivir. Que el día a día les agota, que se pasan la vida apagando fuegos, resolviendo problemas, que el negocio apenas les da para empatar en lo económico, que les cuesta encontrar gente cualificada, que el relevo generacional está ahí y va a ser difícil hacer la transición.

No es de extrañar que en esta situación haya tanto estrés. Y claro la capacidad de sobrellevar este estrés es un buen indicador del grado de salud de las personas y de las organizaciones.

La cuestión es cómo encontrar nuevas respuestas ante las mismas preguntas, cómo descubrir nuevos horizontes en los que las sombras se conviertan en luz, cómo ver el vaso medio lleno aunque este casi vacío (sin engañarse)

Y hete aquí que un grupo de personas que nunca hemos gestionado ninguna organización se nos ocurre diagnosticar que una de las vías para romper estas dinámicas, para deshacer estos nudos gordianos, para convertir círculos viciosos en círculos virtuosos es… (tachaánn) incentivar los procesos de reflexión estratégicos. Qué traducido sería algo así como contribuir a que las personas que dirigen las empresas se replanteen cómo lo están haciendo y… cambien el chip.

En nuestra defensa hay que decir que lo hacemos con humildad, sin querer dar lecciones a nadie, ni dar consejos.

No lo hacemos por ser más listos (¡que no lo somos!). Lo hacemos porque lo hemos visto. Hemos conocido de cerca experiencias de organizaciones que ya lo están haciendo. Que en ese mar embravecido se han dado cuenta de que había que aprender a surfear, a no nadar contracorriente, a aprovechar la fuerza de las olas, a tomarse los problemas con la calma necesaria para ver el curso de acción preciso en cada momento.

Aunque como siempre todo es discutible. Estos ejemplos lo mismo demuestran que ¡la excepción confirma la regla! O también podría ser indicativo de que esas experiencias muestran un camino de esperanza.

De cada quién depende elegir una forma de ver u otra, o cualquier alternativa diferente.

Ya anticipamos que con esta propuesta vamos a hacer una invitación a profundizar en los procesos de reflexión estratégica, a incluir en la agenda cuestiones que tienen que ver con las maneras de gestionarnos para ser más eficaces en la acción.

Por ello, desde ya invitamos a dejar de leer este texto a quienes desconfían, por razones que seguro que son muy respetables, de toda esta jerga de propuestas relacionadas con la gestión, que a veces tanto indigesta.

Lo último que pretendemos es que nadie pierda su preciado tiempo. Y si este tipo de mensajes no parecen oportunos, mejor dejarlo aquí mismo. Por nosotros solo nos quedaría desearos lo mejor en vuestro viaje.

Y es que sobre todo queremos dirigirnos a la gente que porque siente malestar con la organización de su negocio/empresa quiere cambiar sus formas de gestionarse.

Ya lo dijo Einstein que¡ si queremos resultados diferentes habría que desarrollar acciones distintas!. Aunque decirlo es fácil y superar la fuerza de la inercia o identificar y desaprender tantas creencias limitantes es tarea bastante complicada. ¿quién dijo miedo?

Así que antes de seguir algunas preguntas:

  • ¿Cómo estás? ¿Cómo está tu proyecto?
  • ¿Tu semáforo está en verde, en ámbar o en rojo?

Pero más que una repuesta mental, preferimos que os paréis a sentir(os), a (auto)escucharos para que la respuesta sea profunda.

En ese instante detenido nos podemos fijar en cómo está nuestro pulso, nuestra respiración, de qué color vemos el futuro, cuán cerca o lejos estamos de la pasión de los inicios del proyecto empresarial, cómo afrontamos el presente, qué emoción es la que predomina

Estaría bien estar un rato sintiendo esas sensaciones sin prisa, respirándolas profundamente.

Y cuando consideremos que es el momento podríamos preguntarnos hasta cuando queremos/podemos seguir en esta situación y qué cosas básicas son las que habría que cambiar en primer lugar para que la realidad vaya adquiriendo otra tonalidad.

Si te empieza a llegar alguna respuesta o incluso si no te llega ninguna podría ser momento para conversar con otras personas en torno a esta necesidad de cambio para ver cómo enfocar al menos el primer paso de lo que desde ya se intuye como un largo camino.

Si todo esto te resuena te invitamos a ponernos en contacto para explorar posibilidades en torno a cómo activar nuevas posibilidades trabajando esas preguntas clásicas relacionadas con:

  • ¿De dónde venimos? (¿Cuál fue la energía que hizo nacer este proyecto?)
  • ¿A dónde vamos? (¿Qué futuro soñamos con suficiente fuerza poder construirlo?)
  • Y sobre todo ¿quiénes somos? (Especialmente  cuando nos desprendemos de todo lo que nos sobra)

Estamos diseñando procesos/dinámicas para trabajar en estos ámbitos de “gestión”.

Si todo esto te suena cercano, estaría bien encontrarnos para ir construyendo un camino conjunto donde nos acompañemos mutuamente y podamos crecer de una manera sana.

Estaría bien sentir que nuestro semáforo interior está cada vez más tiempo en verde. Eutsi goiari!

Arbela. Bideak Eginez.