Reflexiones en torno a la facilitación para la construcción de equilibrio territorial

En línea con el nombre que en esta legislatura tiene el Departamento, Desarrollo Económico y Territorial, estamos trabajando para ver cómo articular nuevas iniciativas que favorezcan la competitividad y el equilibrio territorial en Bizkaia.

La propuesta es ir creando espacios de encuentro para escuchar la voz de los distintos organismos territoriales que trabajamos en Bizkaia con propósitos coincidentes.

Se están dando los primeros pasos. Todo es muy incipiente. Más que definir lo que hay que hacer se trata de adoptar una actitud de escucha para estar atento a lo que va a ir emergiendo. Sabiendo que esto del desarrollo territorial es una cuestión compleja donde lo importante es ir enriqueciéndonos mutuamente con una visión lo más integradora posible.

El pasado día 2, diez personas del Departamento y de Beaz tuvimos el privilegio de participar en una sesión de capacitación dinamizada por Miren Larrea, de Instituto Vasco de Competitividad,  Orkestra, en torno a la facilitación de este tipo de procesos.

Con un enfoque muy práctico, Miren nos fue desvelando algunas claves a tener en cuenta ahora que todo está por escribir. Podríamos haber titulado la sesión con algo así como “Todo lo que Vd tiene que tener en cuenta si quiere facilitar un proceso colectivo”.

Por su valor me apetece compartir algunas de las cuestiones que afloraron en dicha sesión porque para mí fueron “canela en rama”.

Entendiendo que la facilitación es construir capacidades colectivas, lo primero que nos advirtió fue del peligro de confundir la facilitación con técnicas de dinamización. Por supuesto, éstas son importantes, pero lo primero, lo básico, lo fundamental es construir el propio contexto de la facilitación. Reflexionar con carácter previo sobre el rol, el posicionamiento con que queremos abordar este proceso. Cómo decía Miren no hay nada más “práctico” que hacer bien esta reflexión previa.

Y es que la cuestión territorial es compleja. Afecta a actores y actrices diferentes con mil interpretaciones sobre cuáles son los retos clave y las posibles propuestas de solución, y donde nadie puede determinar cuál es la solución adecuada.

En este sentido hacía una distinción muy interesante. Un problema se puede definir como complicado cuando es precisa la intervención de una persona “experta” que aporta una visión técnica cualificada. Mientras que los problemas son complejos cuando no tienen una solución que podamos encontrar. En estos casos en vez de la opinión experta, se trata de CONSTRUIR LA SOLUCIÓN, Por ello lo básico es ir viendo como fluyen los acontecimientos, para ver cómo evoluciona el proceso. No es tanto una cuestión técnica como un proceso de construcción social donde es precisa mucha facilitación. Habitualmente cuando el proceso ha concluido, somos capaces de explicarlo en retrospectiva, pero no se puede hacer su planificación previa.

Por ello alertaba del peligro de gestionar problemas complejos como si fueran complicados, tratando de sustituir con criterio experto, lo que requiere fundamentalmente de dialogo y construcción de equilibrios.

Otra de las ideas fuerza en la que insistió Miren fue en la gestión del conflicto. En este sentido hablaba de huir de la idea rosa de la colaboración. De hecho, según ella, la colaboración emerge de una adecuada gestión del conflicto.

Y es que todas las instituciones que vamos a compartir trayecto trabajamos buscando lo mejor para Bizkaia y sus gentes, pero con planteamientos diferentes, lo cual es muy legítimo.

Se trata de saber escuchar las diferencias. Estar dispuesto a que se abran cuestiones espinosas, que en cualquier caso ya estaban, pero ahora encuentran un cauce de expresión. Se trata de llegar a visiones más o menos compartidas, muy diferentes de una visión única. Donde a través del consenso se crean acuerdos suficientes para poder pasar a la acción conjunta.

Y es que para gestionar el conflicto hace falta aflorarlo, explicitarlo. Lo cual requiere mucha escucha de la buena, de la que empleamos cuando queremos escuchar de verdad. Mucha mano izquierda, mucho olfato, la generación también de espacios informales donde pueda hablarse lo que queda excluido en los circuitos convencionales.

Tras esta primera exposición empezamos a identificar algunas cuestiones que van apareciendo en estos primeros pasos que empezamos a dar. Relacionados con temas de desconfianzas mutuas, la importancia de los ritmos del proceso, la heterogeneidad en los puntos de partidas de cada comarca, con expectativas y necesidades diferentes, la propia zonificación realizada, incertidumbres varias, temas de (des)coordinación…

Miren nos animaba a tener una estrategia para este proceso en lugar de un plan estratégico. Porque es algo a co-construir y donde lo importante no es tenerlo todo claro sino estar abiertos y atentos a lo que va ocurriendo.

Citando a Mintzberg planteaba el rol de la facilitación como la intersección entre tres cuestiones:

  • La capacidad de aprendizaje en estos procesos de construcción social. Para lo que recomendaba ciclos cortos de reflexión-acción.
  • La capacidad de negociación en una cuestión donde los juegos de poder son tan habituales y
  • La apuesta por la colaboración desde la conexión con los diferentes posicionamientos ideológicos, los distintas escalas de valores desde las que cada quién nos movemos

Sin duda estamos ante un proceso que es emergente por naturaleza, que requiere de mucha construcción social, donde el vértigo ante determinadas cuestiones espinosas o la incertidumbre ante lo que puede ocurrir van a condicionar el proceso.

Ante estas situaciones solo cabe escuchar con el propósito de dejarnos influir mutuamente. Para lo cual habrá que ajustar expectativas porque tampoco se trata de disponer de cheques en blanco. Como decía Miren “es difícil no entrar en un proceso así y no cambiar”.

La última parte de la jornada incidió en que como facilitadores del proyecto se trata sobre todo de crear las condiciones para que las reflexiones, la toma de decisiones y el paso a la acción sean lo más eficaces posible. Se trata de ir construyendo un relato donde todas nos sintamos parte de un proyecto común, para lo cual hay que aprender a tender puentes.

De hecho en algunas de las experiencias en que Orkestra ha participado en Gipuzkoa Sarean, el acento no ha estado tanto en los contenidos del diálogo como en el propio proceso de diálogo, hasta dónde nos escuchamos. Y es que este proyecto requiere de mucha generosidad. De DAR sabiendo que antes o después también vamos a RECIBIR.

En la parte final entramos en algunas cuestiones de detalle relativas a temas de confianza, visión, agendas compartidas…

Como resumen me quedé con la importancia de VIVIR el proceso desde un lugar de mucha presencia y apertura.

El valor de la facilitación como un reto tan estimulante como complejo, donde lo básico es tomar conciencia de que precisamente en la escucha de los distintos puntos de vista podemos encontrar puntos de conexión para propuestas más incluyentes y equilibradas. Donde el equilibrio territorial encuentre su sitio natural y donde todos y todas vayamos creciendo.

¡Así lo vayamos construyendo!

Eskerrik asko, Miren, por compartir tus experiencias y tu aprendizaje. ¡Mucho reto por delante!

One Response to “Reflexiones en torno a la facilitación para la construcción de equilibrio territorial”

  1. […] de BEAZ, nos saludaba y presentaba la jornada yo viví un flashback particular que me llevó a otra reunión previa a primeros de Junio donde Miren Larrea, de Orkestra, nos presentó una serie de reflexiones en […]

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