UN PREMIO LLAMADO PREMIE

Hace ya unos 20 años mientras desayunaba un café con leche en un bar, Oihana escuchó una conversación, ¡qué aunque todavía no lo sabía, le iba cambiar su devenir profesional!

(Es curioso, a veces nos pasamos la vida planificando lo que queremos hacer, quién queremos ser, y resulta que la mayoría de las veces lo realmente importante ocurre de manera imprevista. Es como una suerte de sincronía que te permite estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, y cuando estás abierta, todo hace CLICK)

El caso es que aquella mañana lluviosa Oihana escuchó una amarga conversación entre dos hombres. Uno era de avanzada edad mientras el otro más bien parecía un becario recién salido de la Universidad.

Los dos coincidían en su diagnóstico. Estaban cabreados con muchas de las exigencias que en nombre de la Calidad estaban convirtiendo su trabajo en un entorno rígido, aburrido, lleno de seudoprocedimientos que había que saltar en demasiadas ocasiones para que todo realmente funcionara.

No entendían porque en nombre del trabajo bien hecho tenían que pagar tantos peajes, tantas hipotecas que mermaban su iniciativa y su capacidad de proponer.

Mientras se alejaban apresurados cubiertos por un pequeño paragüas que apenas les tapaba la cabeza, en Oihana quedó resonando aquella poderosa pregunta:

“¿Por qué en nombre del trabajo bien hecho, se supone que con Calidad, había que pagar tantas hipotecas?”

Su tiempo se detuvo. Intuitivamente sintió que aquella pregunta iba a marcar un antes y un después, un proceso de búsqueda que contribuyera a encontrar una respuesta más sana a aquella pregunta tan directa.

Mientras veía alejarse a aquellas dos figuras cabIzbajas hasta desaparecer, se fijó en lo que ocurría de verdad en la calle cuando miras para VER. Gente distraída que camina sin mirar. Personas aceleradas en su pelea matutina con el reloj, niños y niñas correteando y jugando arrastrados por adultos que trataban de introducir disciplina en aquellos locos bajitos.

Mientras contemplaba aquel panorama se dio cuenta de que se encontraba masajeandose las sienes. ¿Qué le estresaba? ¿Qué nuevas conexiones quería activar?

El ritmo acelerado de su corazón le desveló que interiormente acababa de tomar una decisión. Aquella conversación le señalaba un camino que deseaba recorrer

Empezó por preguntarse a sí misma:

• ¿En qué momentos de mi trabajo me encuentro en un estado creativo y siento que contribuyo y aprendo?
• ¿Cómo me pongo cuando tengo que seguir normas cuyo significado no comprendo?

Entabló 1.000 conversaciones con gente muy variada para tratar de captar el mayor número posible de puntos de vista diversos.

Personas con mucho recorrido profesional que ya estaban de vuelta de todo tipo de modas de gestión, jóvenes que iniciaban su trayectoria profesional, algunas escépticas desde el minuto cero, otras ilusionadas con la esperanza de aportar su granito de arena para que las cosas puedan cambiar.

Empezó a tomar notas de sus observaciones. Las leyó y releyó, al derecho y al revés, en orden y al azar, tratando de identificar algunas claves que desvelarán aquel galimatías incomprensible en que se había convertido la gestión de las organizaciones al ningunear a la gran mayoría de las personas.

Y empezó a anotar sus descubrimientos en un cuaderno en blanco que exprofeso compró para la ocasión

Para activar sus descubrimientos escribió en las paredes de su habitación algunas de las preguntas para las que buscaba nuevas respuestas:

• ¿Cómo integrar y ver las conexiones que se dan en las organizaciones que afectan especialmente a sus resultados?
• ¿Cómo abrir procesos de reflexión-acción para impulsar la toma de decisiones y su conversión en proyectos?
• ¿Cómo construir sistemas de gestión a medida de las necesidades de cada organización, que se puedan asimilar al ritmo adecuado a cada realidad?
• ¿Cómo saber cuando es mejor actuar para impulsar y cuando permitir que emerja lo que está latiendo en el interior de la organización, en la confianza de que será adecuado?
• ¿Cómo recoger herramientas para facilitar los momentos de impasse y de bloqueo?
• ¿Cómo estructurar todo aquello en ALGO que pudiera ser tangible, compartible, revisable, mejorable, y sobre todo VIVO?

Energetizada por la fuerza de aquellas preguntas y por la pasión interior que sentía, Oihana:

• escalo montañas para tener perspectiva y una visión amplia de la fuerza de la Naturaleza cuando la observas en su globalidad
• buceó en aguas profundas para ver los tesoros que se esconden en el fondo marino y que no podemos apreciar,
• Se perdió en interminables conversaciones en pueblitos apartados donde se respiraba a partes iguales armonía y sabiduría
• Fue a guarderías infantiles para ver la alegría reinante en aquel aparente caos donde los niños y niñas jugaban al dictado de sus propias normas y deseos, y donde las risas y las voces componían música
• Se cambió varias veces de gafas, limpió con esmero los cristales, se dejó guiar por perros lazarillos para ver cómo sienten las personas excluidas y que necesitan especiales cuidados
• Fue a residencias de la tercera edad a escuchar batallitas para ver cómo aquellas personas sabias recuperaban el brillo en los ojos y el tono en su voces cuando aparecía alguien que quisiera escucharles

Y al final tuvo una idea. Aunque más bien sintió que la idea la tuvo a ella.

Todo aquel quehacer, todas aquellas cuestiones que buscaban respuesta tenían que convertirse, tenían que vivirse… como un PREMIO

Algo que tuviera sentido en sí mismo, que estimulara a sacar lo mejor de cada quién, que fomentará las conversaciones, el trabajo en equipo, lo lúdico, el deseo, que no se escudara en normas sino que permitiera enfrentarse a aquellas cuestiones candentes que reclamaban atención

Algo que llevara preguntas retadoras, que ayudase a encontrar nuevas respuestas para construir escenarios diferentes… donde eso de disfrutar del trabajo bien hecho fuese una respuesta profunda.

La paradoja fue que una vez que vio el enfoque, realmente no le costó demasiado diseñar una propuesta que pudiera facilitar esta especie de viaje que alineara los sueños-deseos, con las especificaciones-requerimientos.

Bastaba con simplificar, quitar lo superfluo, rescatar el sentido de la acción, apostar por la intuición, dedicar mucho tiempo a escuchar(se)

Gracias a su intuición femenina y a su gran capacidad, diseño un sistema de trabajo que por su sencillez le parecía que encerraba mucho potencial. ¿Sería todo un espejismo?

Con la ilusión de quién cree haber hallado algo importante se propuso darlo a conocer y lo primero que hizo fue volver a aquel bar dónde todo había surgido.

Tuvo que ir bastantes veces, por eso de que los astros no se alinean todos los días. Pero la espera no era en vano, porque en cada ocasión le surgía alguna nueva idea que enriquecía su propuesta. Así que no tuvo prisa. En el momento adecuado todo se desplegaría.

Y así fue. Una mañana que había nacido extrañamente soleada se reprodujo de nuevo el encuentro.

A Oihana le dio un subidón cuando al llegar al bar volvió a encontrarse con aquella desigual pareja.

Les abordó directamente y les explicó cómo accidentalmente una mañana les había escuchado y cómo esa conversación le había generado un proceso de búsqueda.

Les comentó los rasgos principales de sus descubrimientos y cuando vio cómo se iluminaban aquellas caras antes apagadas, supo que lo que había encontrado era algo importante.

Así que se puso a buscar complicidades. Otras personas con las que compartir su sueño, personas que supiesen acompañar procesos de cambio desde el respeto y la confianza, instituciones que se atrevieran a experimentar con aquellas formas de hacer para mejorar los sistemas de gestión, para apuntalar el trabajo bien hecho.

Y así poco a poco, día a día, experiencia a experiencia fueron ocurriendo muchas aventuras llenas de vicisitudes. Experiencias exitosas y otras menos favorables.

Con el paso del tiempo más de 1000 organizaciones experimentaron y aprendieron de aquellas propuestas.
Oihana solía visitar muchas de aquellas experiencias para hacer propuestas de mejora y también para aprender a revisar sus preguntas y construir nuevos prototipos

Le seguía impulsando la intención de dar vida a aquella causa. Apostar por el trabajo bien hecho, desarrollado por personas con ganas de aprender, crear y contribuir en contextos donde todo aquello fuera realmente posible.

¡20 años!. ¡Toda una generación!. En este periodo parecía que hubiera emergido un nuevo bosque. Imperfecto pues había zonas con claros,, con zarzas, había árboles que se habían secado o habían nacido torcidos… Pero en aquel bosque imperfecto había mucha vida. Árboles de distintas especies conformando un nuevo ecosistema dónde se respiraba un aire más limpio.

Nadie sabía a ciencia cierta si desde el punto de vista del P.I.B. sus resultados económicos eran especialmente espectaculares. ¡Tantos factores influían en ello!

Pero Oihana que sabía cual había sido el detonante, el bing-bang particular de aquel universo emergente sonreía satisfecha sabiendo que cuando se dan las condiciones para que la vida se instale, el milagro de la vida lo llena todo.

Y con aquel mantra repetido de la apuesta por el trabajo bien hecho, Oihana sigue desayunando en bares con los oídos, la mente y el corazón bien abiertos para captar nuevas conversaciones que inspiren nuevos retos.

Dedicado a…

Cada una de las personas de cada organización que en algún momento ha participado en el programa Premie desde 1.995 (incluyendo aquellas que por las razones que fueran abandonaron el proyecto a medio camino)

Todas las personas consultoras que han acompañado estos procesos de mejora de gestión (incluyendo aquellas que en su momento fueron homologadas pero no llegaron a tener clientes)

Al equipo de Tecnalia (al principio Labein) que ha facilitado que este programa se haya ido desarrollando de una manera fluida

A todas aquellas personas que de alguna manera han tenido algún tipo de relación con el programa y lo han enriquecido con sus aportaciones, incluso con sus críticas.

Al equipo Premie del Servicio de Innovación por su apuesta incondicional en estos últimos 20 años

Un recuerdo muy especial para Ana Larrea y Luis Beroiz

Eskerrik asko denoi amets hau egi bihurtzeagatik!

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Arbela. Bideak Eginez.