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Reflexiones y preguntas en torno a la (no) participación

Con la disculpa de hablar sobre cómo impulsar proyectos de participación nos reunimos, a convocatoria de Pasuen Foroa una serie de personas para compartir experiencias y proyectos en torno a esto de la “participación”.

A mí me toco dar algunas pinceladas sobre actividades promovidas desde el Departamento de Promoción Económica y presentar algunas reflexiones en torno a una cuestión tan candente como a veces vacía de contenido.

Comparto lo dicho en esa reunión en este blog que, sin duda, ha sido y es testigo privilegiado de la mayoría de las experiencias que hemos conocido en estos últimos años. Efectivamente, en muchas de las crónicas escritas en el blog se recogen testimonios de experiencias en esto de avanzar hacia la creación de espacios en las organizaciones para la construcción colectiva. Y es que en el marco de la plataforma arbela hemos ido construyendo un espacio para compartir experiencias y para debatir sobre las cuestiones de fondo en torno a la gestión y la participación.

Cada experiencia ha sido única, genuina, diferente, con sus luces y sus sombras, con sus éxitos y sus decepciones… caminos en permanente revisión y siempre inacabados… Caminos profundos y caminos más superficiales…

En las distintas exposiciones que hemos podido escuchar hemos llegado a sentir tanto la pasión por proyectos ilusionantes como el dolor por proyectos que no acaban de despegar, cuyo principal enemigo se encontraba, la mayoría de las veces, en “casa”.

Y seguir estos hilos nos da pistas para tratar de entender en profundidad la dinámica de estos procesos… contradictorios, paradójicos, llenos de incertidumbres…

El origen de estos procesos suele ser muy diverso: una situación de crisis, un reto que genera suficiente adhesión interna para vencer inercias organizativas, el “agotamiento” (también físico) de formas de hacer insostenibles, una casualidad que abre una ventana de oportunidad, un malestar al que hace falta poner coto, un relevo generacional…

Escuchar cada relato nos invita a meternos en cada historia y tratar de entender que dinámicas (planificadas o imprevistas) se han generado que han permitido avanzar (o no) hacia otras formas de organización más participativas.

Os confieso una debilidad. En ocasiones me gusta releer esas crónicas para volver a revivir la emoción asociada a cada experiencia. (¡Ojo, que puede ser adictivo!). Intento sacar una enseñanza distinta a la original.

Porque ahí creo que radica una de las claves de estos procesos. En nuestra capacidad de darnos cuenta y de aprender de aquello que (nos) ocurre. Y es que si no aprendemos de lo que nos ocurre estamos “condenados” a volver a pasar por la misma experiencia, incluso algo peor, a pelearnos con una realidad que no se comporta de acuerdo a nuestras creencias.

Por ello una primera propuesta a la hora de abordar estas experiencias sería tratar de escucharlas sin (pre)juicios, sospecharnos, poner en cuestión nuestras propias creencias para tratar de ir ganando en capacidad de comprensión (y de acción).

Por eso para mí un hilo que me encanta seguir es el del malestar. La queja repetida sobre la escasa disposición de las personas a implicarse en los proyectos. Su pertinaz reticencia a comprometerse, a asumir responsabilidades, a confiar en las bondades de un sistema del que las personas son las principales beneficiarias… ¡Cómo somos las personas humanas!

¿Cómo entender estos comportamientos reincidentes? ¿Será que algunas personas (la mayoría) no tienen remedio? ¿Será que recogemos lo que hemos sembrado? ¿Será mejor apostar por el ordeno y mando o contar sólo con las personas que muestran mejor y mayor disposición? … ¿qué será, qué será? ¿????????

Y todo ello cuando las más de las veces los equipos directivos de las organizaciones han empleado las metodologías de gestión más avanzadas, lo último de lo último…

¿Qué se nos está escapando? ¿Qué es lo que no somos capaces de ver?

En una ocasión anoté una frase que se la oí a Alfonso Vazquez que decía más o menos así:
“Son precisamente las lógicas de los sistemas de gestión imperantes las que impiden que se produzcan procesos auténticos de participación, más allá de pequeños avances”.

Se abre el debate. Aunque sin entrar, todavía, en polémicas hay que reconocer que si algo predomina en las organizaciones son las contradicciones entre lo que se dice y se hace. A modo de ejemplo recojo algunas “frases célebres”:

• Exprese sus ideas con autonomía pero no contradiga a sus superiores
• Asuma riesgos pero no vaya a equivocarse
• Diga la verdad pero no traiga malas noticias
• Trabaje en equipo pero recuerde que lo que cuenta en realidad es su desempeño individual
• Sea creativo pero no altere los procedimientos tradicionales
• …

Hay que reconocer que son propuestas bastante esquizofrénicas que me hacen pensar si cuando pretendemos, con buena intención, promover la participación no estaremos impidiendo precisamente que la participación genuina se despliegue, y en su lugar aparezca un remedo de maquillaje que lejos de resolver los problemas contribuye al ocultamiento de las cuestiones de fondo.

De nuestra observación deducimos que no hay metodologías panacea ni fórmulas mágicas. Lo que hay son caminos que deben ser explorados en cada organización teniendo muy presentes las condiciones de partida y las posibilidades de acción.

Más que respuestas, a lo largo de estos años hemos aprendido a formular algunas preguntas que pueden facilitar procesos de reflexión, de introspección, para poder mirar de frente a la realidad y ver hasta qué punto estamos dispuestos a transformar la esencia de nuestras organizaciones para desplegar todo el potencial de las personas que habitamos en las organizaciones. Algunas de esas preguntas son las siguientes:

• ¿cómo construir un concepto de empresa diferente acorde con los actuales requerimientos de despliegue del conocimiento que necesitan las empresas en la actualidad para poder subsistir?
• ¿cómo modificar los sistemas de trabajo para generar dinámicas diferentes?
• ¿cómo se pueden establecer nuevos “pactos” entre las personas de las organizaciones para que todos ganemos?
¿Cómo son los tipos de conversaciones que se dan en nuestras organizaciones? ¿Se habla con apertura, se respira miedo, cómo se trata el error, cómo se alienta lo nuevo, hay libertad, se fomenta la cooperación?
• ¿De qué maneras las estructuras organizativas promueven o impiden el despliegue del conocimiento?
• ¿Qué nos falta o qué nos sobra? ¿Faltan contextos organizativos, espacios conversacionales? ¿Sobran procedimientos, normas, jerarquías, certezas?
• ¿Cómo vivimos la diversidad, la búsqueda de la unidad y su relación entre ellas?
• ¿Y si todo fuera más sencillo, y si todo consistiera en renunciar al control que nos controla y lo que hubiera que hacer es aprender a surfear la ola?
• ¿Y si se tratara de aceptar el caos, las incertidumbres y confiar en nuestras capacidades y en los equipos?

Es todo un reto tratar de llenar de VIDA las organizaciones para que todo lo vital pueda fluir. Y para ello es preciso construir contextos donde se fomente la conectividad, la gestión inclusiva, donde el poder para crear, para tomar decisiones se incremente de maneras significativas.

Así podrán ir emergiendo organizaciones renovadas donde ya no nos plantearíamos sobre la necesidad de establecer “sistemas” para la promoción de la participación. Simplemente la participación sería el resultado natural de unas condiciones favorecedoras de tales procesos.

Así que tal vez debemos empezar por sospechar(nos), por cuestionar las creencias desde las que miramos la realidad para poder VER que, muchas veces, ahí mismo mueren las posibilidades de que se desplieguen procesos participativos.
Eso sí, hace falta mucho valor para abrir esta caja de Pandora. Hace falta coraje para superar la tentación de cambiar algo para que nada (fundamental) cambie.

Siempre nos quedaran las múltiples experiencias que van señalando, otra vez, que hay alternativas y que otros modos de (auto)organizarnos son posibles.

Sin ir más lejos hoy mismo se celebra en Bilbao el I foro redca (red de consultoría artesana) sobre gestión del cambio. ¡Que estas nuevas miradas (artesanas) nos ayuden a ver el bosque entre tanto árbol!.

PD: Aprovecho esta entrada para volver a recomendar el video que en su momento editamos en relación con la iniciativa bilgune.

Arbela. Bideak Eginez.