De tournée y aprendiendo

Una coña que solemos hacer en el Servicio de Innovación es decir que “hay que estar donde está la acción”. Viene de que hace ya bastantes años una dirección del Departamento se empeñó en que estuviésemos todo el día en la calle con un maletín y un ordenador haciendo casi de consultores de las empresas; cosa harto difícil porque muchas empresas nos ven a los técnicos del servicio como una máquina de hacer billetes a la que hay que tratar bien para ver si les cae algo.

Pero lo cierto es que, coñas aparte, siempre hemos tenido bastante claro que entre las cuatro paredes de la oficina pasan pocas cosas y que hay que estar en y con las empresas en su terreno. Esto exige aguzar el oído y la sensibilidad para captar qué está pasando ahí fuera, qué necesidades tienen las empresas, a qué se enfrentan. Y desde ahí ser capaces de ayudarlas. Es cierto que lo que solemos hacer es “dar dinero” y que no tenemos mucha legitimidad para dar consejos o ánimos.

Nuestro trabajo suele ser recibir proyectos, analizarlos y, si cumplen con unos criterios, otorgar la subvención y controlar el desarrollo del proyecto. Nunca me ha gustado ese enfoque. Hacerlo así es reforzar el cliché de funcionario insensible y recio aplicador de la normativa vigente, que no se fía del administrado.

Siempre he pensado que para evaluar un proyecto hay que conocer su contexto, es decir, conocer la empresa que lo va a hacer, por qué lo quiere hacer, cuánto se juega en ello, qué espera conseguir… Cuando voy a una empresa sólo pregunto por el proyecto después de un buen rato de conversación. Prefiero que me cuenten su historia, qué venden, a quién venden, por qué les compran, por qué no les compran, qué les hace diferentes, qué les puede hacer seguir siendo diferentes y mejores en los próximos años… Prefiero que me enseñen la empresa, pasear por ella y que me vayan contando chascarrillos o anécdotas. Todo eso dice mucho más de la empresa que el frío papel de una solicitud de subvención.

Durante estos días estoy de tournée. En esta ocasión estoy visitando empresas que han obtenido una ayuda para implantar la metodología xertatu:adi de mejora en Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Algunas están empezando ahora. Otras están terminando. Mi guión para la visita sólo tiene 3 preguntas: ¿quiénes sois? ¿cómo estáis? ¿por qué hacéis el proyecto? Ya sé que suena muy simplón. Podemos sofisticarlo hasta donde queráis.

Nosotros últimamente estamos tomando de referencia el lienzo de modelos de negocios de Osterwalder, pero podríamos echar mano de un montón de referencias de otros gurús del manajemén. Podemos acudir con un guión extenso de preguntas, podemos llevar plantillas para rellenar de datos de facturación, márgenes, ratios financieros… Todo eso no sirve de nada si no sabemos escuchar, ayudar a la persona que te está contando, repreguntar, corroborar con ella si estás entendiendo bien, seguir indagando, acoger sus comentarios sin juzgar y, sobre todo, no perder nunca el hilo de lo que realmente necesitas saber. Es ahí donde mis tres preguntas (¿quiénes sois? ¿cómo estáis? ¿por qué hacéis el proyecto?) cobran su verdadera fuerza.

Y lo último y quizá lo más importante. Dar de ti todo lo que puedas, aunque parezca poco. Los “funcionarios” (yo el primero) vamos con cierto pudor a las empresas porque vamos a recibir mucho y a dar poco o casi nada. Le quitamos a la empresa alguna hora de su escaso tiempo, la empresa termina desnudándose y sin que nosotros a cambio podamos, aparentemente, ofrecer nada.

De esta tournée estoy aprendiendo que lo que a nosotros nos parece poco a las empresas les puede parecer mucho. Podemos dar muchas cosas. Recibir ánimos o halagos de alguien de fuera, algún pequeño consejo sobre otras líneas de subvención o sobre la propia subvención que han recibido, una sugerencia sobre otras empresas, centros tecnológicos o asociaciones con las que contrastar… todo eso no es poco a los ojos de la empresa. Darles la ocasión de contar su experiencia, de sentir que alguien les escucha con interés y que, en cierto modo, trata de compartir con ellos y ellas sus vivencias, es oro molido para muchas personas. No seamos cicateros y demos de nosotros/as todo lo que podamos. Eso sí, con respeto y humildad, porque no dejamos de ser meros funcionarios que ven los toros desde detrás de la barrera. Los/las que se la están jugando son ellos/as.

One Response to “De tournée y aprendiendo”

  1. Buen post Jorge!

    Me quedo con la importancia de “estar donde ocurre la acción”, salir, tocar, sentir, acercarnos a la realidad de la empresa… para aprender y para pulsar la “eficacia” de los programas que proponemos.

    En mi caso no sé cómo me verán, supongo que hay de todo. Yo especialmente lo que quiero es escuchar con el máximo interés y, si es caso, hacer alguna devolución de lo que me cuentan, con la única pretensión de que les sirva para (re)pensar lo que les ocurre desde otro punto de vista.

    Y por supuesto aprender y disfrutar de la experiencia.

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