Poder, deseo y capacidad de decisión

El pasado viernes celebramos una nueva sesión de arbela en la que aprovechamos para debatir en torno a cómo se despliega el “PODER” en las organizaciones y cómo son los procesos de toma de decisiones.

Sin duda un tema muy sugerente porque ciertamente todo lo que ocurre en las organizaciones tiene que ver, precisamente, con el Poder. Es lo que no se cita y sin embargo subyace a todo lo que ocurre.

Fue una sesión específicamente dirigida a personas consultoras que acompañan proyectos de cambio y transformación. Y es que cualquier proceso de cambio que se pretenda debe analizar de qué maneras se cruzan los distintos poderes que coexisten en las organizaciones.

Alfonso Vázquez nos planteó un ejercicio inicial para “deconstruir” una frase que últimamente se suele escuchar: “Ya no hay jefes. Todos somos iguales”.

Se trataba por tanto de “descubrir” que textos ocultos se esconden tras el texto explícito. Se trataba de analizar diversas posibles interpretaciones de un mismo texto.

Para lo cual trabajamos en pequeños grupos tratando de dar luz a lo que la sombra oculta. Fue divertido hacer mil y una especulaciones distintas. Detenerse en cada una de las dos frases y ver los mensajes ocultos.

No hay jefes: ¿Quién manda? ¿Qué pasa con los jefes que había antes? ¿Quién lo dice?…

Todos somos iguales: ¿qué pasa con las diferencias, con la diversidad? ¿todos?, y ¿las minorías?

La deconstrucción que el propio Alfonso hacía era algo así como: “Yo soy el único jefe. No hay diferencias, no hay resistencia”. De nuevo el debate. Lo que a cada uno nos mueve por dentro. Lo abiertos que estamos a otras interpretaciones, nuestros mecanismos de defensa de nuestras convicciones…

Más allá del grado de acuerdo o desacuerdo que cada cual teníamos con las distintas interpretaciones que cada cual hacía, aparecía la importancia de desentrañar las lógicas de pensamiento utilizadas. Una invitación a explorar el significado profundo de las distintas propuestas que se lanzan en los procesos de cambio.

No hay que perder de vista que algunas llamadas al cambio provocan mucho entusiasmo y acción y otras en cambio solo resistencias y escepticismo. ¿dónde están las diferencias?

En la sesión se distinguieron dos enfoques que coexisten en torno al poder:

  • El Poder (con mayúsculas) referido al que deriva de la propiedad, lo que se visualiza, lo que se representa en las distintas formas del Poder y
  • El poder (con minúsculas) que es el todas las personas tenemos como capacidad de hacer que las cosas ocurran. Poder que puede que despleguemos o que lo tengamos como potencialidad aún sin materializar.

Ambos tipos de poderes coexisten, se combinan, se refuerzan o se aniquilan. Por ello es clave observar que tipo de relaciones se establecen entre ambos.

Dicho de otra manera, la distinción sería entre:

  • El Poder instituido, el que representa a la institución en cuestión y
  • El poder instituyente, que se representaría por las distintas coaliciones, corrientes que tratan de cambiar lo instituido.

Se vino a decir que el poder instituido sin poder instituyente se fosiliza. Mientras que el poder instituyente si no puede instituirse, si no tiene algún anclaje tiende a desaparecer.

Respetando los distintos grados de asentimiento a estas hipótesis, para mí la clave está en saber ver en cualquier organización cuales son los diversos juegos de poderes que están operando y que es precisamente el tipo de relación entre el poder instituido y el instituyente es el que marca el grado de conflicto y la capacidad de crear lo nuevo partiendo de lo dado.

En base a ello se propusieron varios movimientos complementarios:

  • Aumentar los grados de poder otorgados a cada persona para que la capacidad de actuar se incremente
  • Distribuir de manera irregular el poder para que ello genere una energía que favorezca la creación
  • Aflorar el poder instituyente e incluso darle más poder para reconocer e incluir elementos que están siempre presente aunque a veces insuficientemente reconocidos

Posteriormente, para tratar de explorar en los procesos de toma de decisión tratamos de “entender” una frase de Kierkegaard: “El instante de la decisión es una locura”

Y así como sin quererlo nos dimos cuenta que decidir es una mezcla de elegir/renunciar, que supone una elección, con sus grados de incertidumbre, entre una de las posibles bifurcaciones que se presentan en el camino. Esta decisión abre y cierra posibilidades, crea nuevos escenarios y marca el curso del devenir de los acontecimientos. Por lo que es importante observar como cada decisión despierta adhesiones y resistencias y cómo se relacionan éstas y aquellas.

Se enfatizó también que elegimos desde el “deseo” aunque luego racionalicemos la decisión para vender nuestra elección.

También se distinguió entre la decisión en sí y las liturgias y los ritos que se despliegan para simbolizar la toma de decisiones. Advirtiendo del error que a veces podemos cometer si nos guiamos por lo aparente, por la liturgia, por lo simbólico.

Al final de la sesión aparecían conectados tres conceptos: poder, toma de decisiones y deseo.

Y la propuesta que flotaba era la de incrementar todos y cada uno de ellos: el empoderamiento de las personas y los equipos, la facilitación de los procesos de toma de decisiones y la inclusión del deseo como motor de la acción.

3 Responses to “Poder, deseo y capacidad de decisión”

  1. Este escrito me recuerda algún texto de Juan Matus -el brujo- que decía que “hay que hacerse accesible al poder”, y ello conlleva la toma de decisiones, ¿no?

  2. Gracias, Borja, por el post, tan interesante como siempre. Y accesibles al poder, Mikel, para bien o para mal, lo somos siempre, ya que estamos inscriptos en relaciones de poder y nosotros mismos somos también poder. Aunque la decisión de no decidir implique la impotencia…

  3. […] Lo que estaba detrás era la deconstrucción (esta palabra también está de moda, por cierto) de muchos de los esquemas con que se suele complicar el management. Disfrutar, hacer las cosas de un modo natural o “igualar” poder eran las claves del éxito de esta empresa, de la que se habían apropiado sus trabajadores. Quizá sea todo más sencillo de lo que pensamos y las modas solo emergen al servicio del negocio de la artificial complejidad del management. Por cierto, con relación al caso de Mol-Matric también os recomiendo la lectura de este artículo de Borja Lastra: Poder, deseo y capacidad de decisión. […]

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Arbela. Bideak Eginez.