Autonomía en estado puro

El taller de transformación organizacional ha llegado a su fin. ¿O a su verdadero comienzo? Sea lo que sea el viernes 16 de marzo tuvimos la última sesión prevista. En ella tratábamos de compartir los proyectos que las empresas participantes se están planteando para avanzar hacia formas de organización que ponen a las personas en primer término y seguir profundizando en los conceptos de fondo que arman, justifican y ayudan a tener éxito en estos procesos.

La heterogeneidad de las empresas participantes es algo destacable en este taller. También lo es el alcance de los proyectos que están en disposición de iniciar. Todas las empresas recalcaban que los diálogos que hemos compartido en las cuatro sesiones y en las visitas personalizadas que se han ido haciendo a las empresas les han abierto el hambre por el cambio, por dar a las personas la autonomía para poder asumir consciente y libremente responsabilidades que redunden en organizaciones más dinámicas, más competitivas y, como no, más humanas.

Hay algunas que van como tiros. Se están moviendo. Sus personas empiezan a ver un horizonte de oportunidad. En otras (bastantes) no se dan las condiciones para arrancar un proceso de transformación profunda porque en la red de puntos de poder en la empresa no se han introducido fuerzas suficientemente efectivas como para romper con el inmovilismo.

Por eso dedicamos buena parte de la sesión a hablar sobre las barreras que dificultan estos procesos y las palancas / potencialidades / beneficios que pueden ser motor de ello. Y como casi siempre, identificamos las limitaciones con más facilidad que las oportunidades. Se mencionaban barreras ligadas a la falta de maduración de los sistemas de gestión de la empresa, a no conseguir visualizar cuál sería el futuro de la empresa una vez instaurado el cambio, a no gestionar bien nuestro tiempo para encontrar los necesarios momentos de comunicación que este cambio requiere ni tampoco para tener espacios para impulsar estos proyectos, nuestro insuficiente “desaprendizaje” de los modelos institucionalizados en nuestra mente y en la práctica, la necesidad de mucha entereza y constancia, las fricciones y conflictos que todo cambio conlleva, la cuasi-imposibilidad de movilizar a la propiedad de la empresa… Y un clásico: la “gente” no se involucra.

Debatimos largo y tendido sobre ello. Tratando de desmontar algunos mitos y recalcar dónde hay que mostrarse firmes y convencidos. Alfonso ha compartido ya algo de lo que hablamos en el blog de Hobest. Telegráficamente, comentábamos lo siguiente:
– Cuidado con las medias tintas. Ojo con las organizaciones esquizofrénicas. Las personas no pueden asumir responsabilidades en ausencia de autonomía. No es consecuente pedir involucración y responsabilidad de las personas si actúan dentro de organizaciones que no están pensadas para posibilitar la autonomía.
– Somos presos de modelos estereotipados. El desaprendizaje es duro.
– Producir el cambio significa realizar acción política dentro de la organización. Requiere identificar los puntos de poder y movilizarlos astutamente para que se genere el cambio, identificando las paradojas y contradicciones que tenga esa forma de ejercer el poder.

Los que hemos participado en el taller parece que estamos de acuerdo en que es posible desatar el cambio. Y que podemos tomar impulso en las palancas que lo mueven: en confiar que las personas pueden aportar mucho más valor de lo que habitualmente hacemos, en que la crisis hace posible cuestionar estructuras hasta ahora incuestionables, en que los espacios de comunicación hacen posible construir en común el deseo de cambio, en que las organizaciones en las que las personas tienen autonomía para estar más cerca del cliente la competitividad crece muchísimo…

Mucha tela. Pero no suficiente porque todos/as nos fuimos con ganas de más. No sólo de seguir disfrutando de los desayunos saludables que nos regala Dioni. Entre los comentarios más repetidos en la evaluación del taller estaba el de que necesitamos continuidad, acompañarnos, arroparnos mutuamente, seguir aprendiendo, ayudarnos a superar nuestras propias limitaciones… Y lo bueno es que no son palabras huecas. Las personas que participaron ya están buscando un hueco para volver a reunirse, sin necesidad de que nadie les cite o les invite. ¡¡ESO ES AUTONOMÍA EN ESTADO PURO!!

2 Responses to “Autonomía en estado puro”

  1. Brillante post, Jorge! Me permite recuperar parte de lo que me perdí al no poder asistir de forma integra a la sesión.

    Yo también destacaría del heterogéneo grupo de personas que se ha estado reuniendo su capacidad para cuestionarse a si mismos y para avanzar hacia nuevas formas de organizarse.

    Aunque efectivamente a todos nos pesa mucho la mochila que llevamos. Vivimos en múltiples inercias de las que es difícil darse cuenta y escapar.

    Pero en la despedida hubo algo muy esperanzador y a lo que aludes al final del post.

    Eligieron no depender de nadie. Tomaron el poder y decidieron que para seguir reuniéndose no necesitan que nadie medie en su decisión. Así que seguro que en breve se reanudan las conversaciones y siguen compartiendo los diferentes caminos que cada cual va abordando. Será muy interesante seguir aprendiendo con ellos.

    ¡Suerte en ese caminar que hace camino!

  2. […] taller de transformación organizacional que dinamizó Hobest en cuatro sesiones (1, 2, 3 y 4) así como el potente debate sobre “Poder, deseo y capacidad de decisión” que concluyó hasta […]

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Arbela. Bideak Eginez.