¡Compartiendo viaje al centro de la empresa!

El pasado viernes, día 4, hemos dado inicio en el Departamento de Promoción Económica un nuevo “taller de aprendizaje y co-escucha” en torno a “cómo impulsar procesos de transformación organizativa basados en personas”. Teóricamente es una propuesta repetida. Sin embargo son nuevas personas, nuevas inquietudes, nuevas preocupaciones… en resumen un nuevo viaje exploratorio.

El objetivo de este taller es compartir experiencias, escucharnos mutuamente, alejarnos del día a día para ver con más perspectiva, incorporar nuevos puntos de vista, salir de la soledad para crear comunidad… en resumen aprender y disfrutar.

En algún otro post hemos recogido que una de las “intenciones perversas” de estos encuentros es desvelar las lógicas que subyacen a nuestro actuar empresarial para cuestionarlas, aceptarlas y/o transformarlas.

De nuevo hemos contado con las labores de facilitación del equipo de Hobest que tratan de poner el foco en aquellas cuestiones que son el meollo de la cuestión a la hora de interpretar y comprender lo que ocurre habitualmente en la mayoría de las organizaciones, donde el trabajo es ante todo un factor de coste y la lógica empresarial se basa, prioritariamente, en actividades de planificación y control.

Ocurre que la incertidumbre en la que nos movemos convierte en una ficción la pretensión de “anticipar” el futuro y que los “corsés” que se precisan para que todo esté controlado amputan la creatividad que todos tenemos aunque solo desplegamos cuando nos sentimos estimulados a hacerlo.

No es por tanto de extrañar que exista una insatisfacción generalizada con los modelos organizativos imperantes: tanto arriba de la pirámide como en su base.

Se produjo un intenso y apasionado debate en torno a la bondad o inconveniencia de planificar para orientar la acción. La propuesta que nos lanzó Alberto Etxeandia fue la de abandonar la pretensión de “planificar” para abrazar una continua dinámica de reflexión/acción. Esto es, centrar la energía en observar el devenir, lo que está ocurriendo, para tener mayor flexibilidad para actuar. Ello requiere incrementar las conexiones con el entorno y crear equipos diversos para captar con mayor riqueza las señales del mercado.

Otro de los momentos álgidos de la sesión tuvo cuando se conceptualizó el conocimiento como la integración de pensamiento, emoción y acción. Lo que trajo a la sala una constatación: el conocimiento se activa desde lo que queremos, cuando nos sentimos libres para actuar y cuando cooperamos con otros en nuestro quehacer. Cuando estas palabras se pronunciaron se escuchó más de un crujido que provenían de vetustas aulas universitarias y modernas escuelas de negocios empeñadas en difundir los principios del management científico de principios del siglo pasado.

Trabajamos en pequeños equipos para identificar los aspectos que nos habían sorprendido, las cuestiones en las que estábamos de acuerdo y aquellas otras en las que discrepábamos.

Se trataba de estimular el espíritu crítico y colaborativo de los asistentes. Que ante las diversas propuestas cada cual se apropie de aquello que le parezca adecuado para su concreto momento de desarrollo. En cualquier caso lo dicho ahí quedó y seguro que favorece tener nuevos recursos interpretativos para entender aquellos aspectos de la realidad que aún no comprendemos.

Para mí uno de los momentos más bonitos de la sesión se produjo cuando una persona constató que muchas veces buscamos la “culpa” de lo que nos ocurre fuera, en vez de mirarnos a nosotros mismos para ver qué nos está faltando o qué nos está sobrando. Y esta inversión en la manera de mirar me parece una de las claves más importantes a la hora de favorecer procesos de cambio.

Lo dicho, este trozo del camino en que compartimos viaje promete encuentro y aprendizaje.

2 Responses to “¡Compartiendo viaje al centro de la empresa!”

  1. Pues ya sabes que el “centro” de la empresa hay quien dice que es el agujero del donut: nada. En una frenética carrera por flexibilizar costes y trabajar con outsourcing, allá dentro al final queda poca cosa. O al menos cosa para pocos… que quizá es otro asunto, ¿no? Se ve que lo pasáis bien. Ciao!

  2. Mila esker, Borja.
    Como bien apuntas, Julen, esa es la lógica que apunta a la nada. Tendremos que buscar claves que nos permitan cambiar de sentido en esa espiral y en eso estamos, y, lo mejor, las encontramos!!!

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Arbela. Bideak Eginez.