¿Quién dijo que fuera fácil?

“¿Si está siendo duro, dices? Duro no. Durísimo”. Así nos hablaba hace unos días una persona encargada de pilotar una empresa embarcada en un proceso de cambio organizacional y de cultura.

Nos comentaba que el arranque del proceso había sido muy meditado y compartido por buena parte de la organización. Sondearon unas cuantas posibilidades. Finalmente se decantaron por un proceso de coaching grupal en el que se incorporaban momentos de trabajo en grupo fuera de la sede de la empresa.

Hasta aquí, sin sobresaltos. Iban dando pequeños pasos en la gestión de las emociones, la comunicación, la identificación personal con el grupo y con el proyecto… Digamos que las personas y la organización en general se iban poniendo en disposición de poder marcarse nuevos retos hacia una organización más horizontal, más dialogante y en la que cada persona pueda (si quiere) sentirse protagonista.

Y, de repente, surge lo inesperado. Un incidente en un proyecto concreto genera un cambio en un área y dispara una dinámica de cambio muy poderosa, poco controlable y que modifica bruscamente la organización de la empresa. Es demasiado pronto aún para evaluar la bondad del cambio o si ha supuesto un avance o retroceso hacia una organización orientada a las personas.

Pero la duda nos asalta. ¿Es el incidente concreto el verdadero catalizador del cambio drástico? ¿Qué habría pasado si la empresa no tuviese ya abierta la “caja de Pandora” que representa entrar en un proceso de cambio cultural y organizativo?

La aventura de progresar para ser una empresa participativa y dialogante abre un camino que ya de por sí trae sorpresas. Es, en cierto modo, incontrolable. Y, como todo proceso, se ve afectado por lo que sucede alrededor.

El caso de esta empresa nos enseña la necesidad de no aferrarse a los esquemas preconcebidos, a los prejuicios, o escenarios de llegada definidos a priori. Hay que dejarse sorprender y tener la serenidad y la confianza en las personas suficiente para esperar siempre lo mejor. Optimismo y confianza ante todo. Y determinación.

Pero duro, es muy duro. Todos en cierta medida estamos aferrados a nuestros paradigmas y tenemos aberración por el cambio. Pero sigamos a José Antonio Nielfa y digamos: “Libérateeeee….”.

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Arbela. Bideak Eginez.