Acompañar y dar espacio

Recientemente ha caido en mis manos un libro que os recomiendo: “El darse cuenta” de John O. Stevens.

Uno de sus capítulos se denomina “Al coordinador o líder del grupo” y me ha parecido muy jugoso para muchos de los debates que tenemos en relación con el rol de las (personas) consultoras, de las directivas, etc.

El tono general del libro tiene que ver con propuestas para que redescubramos nuestra capacidad de darnos cuenta de lo que realmente vamos vivenciando, cualquiera que sea esa vivencia. Y en este sentido se hace una llamada a RESPETAR las vivencias de cada quien.

Apunta cómo maneras no respetuosas las siguientes: juzgar, ayudar, explicar y señalar deberes y obligaciones, ¿os suenan?

Juzgando. Cualquier juicio, desprecio, burla… es una condena a la experiencia y no alienta a la gente a que explore en profundidad lo que le está ocurriendo. Por ello quien coordina debe ser lo suficientemente abierta para aceptar y reconocer cada experiencia.

Ayudando. Una manera corriente de no respetar la experiencia de alguien es correr en su ayuda cuando se siente mal, ser “servicial”. De esta manera muchas veces impedimos que se experimente realmente la vivencia. De hecho casi siempre “el ayudador” se ayuda realmente a él mismo ayudando a otros. Propone que la manera más auténtica de “ayudar” es ayudar a darse cuenta de la propia experiencia y a hacerse responsable de ella.

Deberes y obligaciones. Plantea que los “deberías” son capas de artificialidad y falsedad que nos alejan de nosotros mismos. Al punto que el único “debería” legítimo es ser lo que realmente somos en cada momento, respetando nuestra experiencia. Dice “si usted está vivenciando algo, vivencielo, si está evitando algo, dese cuente de que lo está evitando…” Cualquiera que sea su experiencia tiene que comenzar desde el punto en que se encuentra y empezar su viaje de autodescubrimientoo desde allí.

Explicando. Razonar, interpretar, explicar… suelen ser mecanismos muy aceptados y recurridos de “comprender” la experiencia, de hecho son modos de evitar su experiencia. A través de ellos hablamos de la experiencia sin “expresarla”. Tan pronto cómo explicamos una experiencia empezamos a perder contacto con ella y nos perdemos en la jungla de porqué, porque, sí, condicionales, peros… Propone acompañar a la persona a que busque los detalles de la vivencia y no las “razones” por lo que anima a preguntas del tipo ¿cómo te sientes? ¿Qué te está pasando?…

Y entonces ¿qué nos queda?.

Al llegar a este punto me acuerdo de lo que Sofía le dice a Lucía en el cuento “reencuentros”: todo el mundo tiene su propia sabiduría y cuando se deja hablar a alguien, se permite que emerja esa sabiduría

Así que se puede convenir que lo que queda es acompañar dando espacio para que cada cual vivamos con autenticidad nuestra propia vida.

Termino con una pregunta para el debate. En tu criterio, ¿cuál es el papel de una persona que quiere “¿ayudar?” a otra?

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Arbela. Bideak Eginez.