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Lancor 2000 SL una organización de intangibles

El pasado martes nos reunimos en Lancor. En esta ocasión, tuvimos el placer de escuchar a Oscar, Jon, David, Guillermo, Jose, Jose Luis y Unai.panoramica

Tras una visita guiada por toda la planta donde nos explicaron como se organizaban los ELCs, subimos donde anteriormente tenían los despachos, a día de hoy, convertidos en salas de reuniones.

 Unai y Jose Luis nos pusieron en antecedentes: El cambio hacia el nuevo estilo de relaciones ha sido duro ya que no todas las personas aceptan esta nueva forma de relacionarse.

 Uno de los requisitos fue confiar en las personas para ello, se eliminaron el control de fichajes y los bonos de trabajo.

 En Lancor trabajan por objetivos. Establecen un Plan de Ideas y Objetivos (PIO) entre todas las personas de la organización y se comprometen a sacarlo adelante. La comunicación y la información es accesible a todos los estamentos de la organización.

 Diariamente, a primera hora, se reúne cada equipo durante 5 – 10 min. y analizan los problemas que puedan surgir para sacar el trabajo adelante.

 – Metemos muchas horas pero creo que he librado más.- dijo Guille con convicción. (A sabiendas de que las horas extras ya no son remuneradas)

 – Todos trabajamos para conseguir el mismo objetivo. La discusión forma parte de la comunicación. Es la única forma de conocer a las personas. – añadieron. (Miden el tiempo que se comparte en reuniones, compartir experiencias…)

 Trabajan mucho la polivalencia de las personas. Para ello, cada persona rellena su propia matriz de polivalencia y mediante rotaciones entre los ELCs consiguen ampliar sus conocimientos.

 La polivalencia se saca del deseo de la persona. Es un esfuerzo personal. Hay personas que vienen antes de entrar a trabajar y se forman en determinadas máquinas -Nos comentó Jose con orgullo.

 La comunicación, la total transparencia, dar confianza y permitir el error han sido clave para generar el sentido de pertenencia de estas personas hacia la organización.

 – Somos un nudo más de la empresa. Perteneces a ella. Vamos a estar trabajando 30 años en ella, y si no la cuidas pues, ¿qué vas a hacer?- argumentaron.

 Me quedo con la anécdota del COMPAÑERISMO, la sabia, la frescura, la naturalidad y la madurez con la que nos contaban su experiencia desde las tripas: los compañeros del turno de mañana habían hecho el esfuerzo de montar más motores para que Oscar, Jon, David, Guillermo y Jose pudieran estar con nosotras y poder así, cumplir con el objetivo diario.

 ¿Mis compañeros harían eso por mí en mi organización? ¿Yo lo haría por ellos?

Sin duda existe una compenetración entre las personas que en pocas organizaciones he visto…aunque como ellos también dicen “en todas las organizaciones se cuecen habas” No es una organización perfecta pero ¿existe la perfección?

Otro cuento: Reencuentros

Dedicado a las personas que se buscan a sí mismas
que se escuchan y escuchan
que se atreven a ser ellas mismas asumiendo las consecuencias
que sufren en silencio y no se atreven, de momento, a afrontar sus miedos
A ti, seas quien seas

ERASE UNA VEZ…

que una mañana de Enero, en los aledaños de Bilbao se celebraba un taller de trabajo sobre nuevas formas de consultoría. Lo rimbombante de su nombre atrajo a una generosa audiencia.

A medida que llegaban las personas se producían los saludos de rigor y en esto que coincidieron cuatro viejos amigos que no se veían desde los tiempos del colegio. La vida les había separado y, ¡hete aquí!, que de repente les había vuelto a reunir. Enseguida quedaron para comer en cuanto concluyera aquella sesión.

Empezaron las dinámicas y hubo una de ellas que trataba de ahondar en las causas de satisfacción y malestar de las experiencias de cada uno ellos.

Hubo un momento, cuando se hablaba de malestares, que casualmente los cuatro cruzaron sus miradas. Miradas que hablaban mucho más que las palabras. Algo se quedó congelado en aquel punto. Aunque la sesión prosiguió el resto de mensajes quedaron diluidos. ¿Qué estaba ocurriendo?.

Terminada la primera sesión fueron a comer juntos a un restaurante cercano y pidieron un reservado para poder hablar con toda confianza de sus mil historias.

Sin embargo… algo había ocurrido en aquella sesión que aún flotaba en el ambiente.

– ¿Qué os pasa?- preguntó Jon, tratando de animar a sus compañeros que estaban un tanto pensativos.
– Veréis, dijo Miren. Resulta que cuando hemos hecho el ejercicio sobre las causas de nuestros malestares me he dado cuenta de que mi trabajo ha discurrido totalmente ajeno a los sueños con los que inicié mi profesión.

Los demás continuaron con su silencio.

Jon quiso quitar intensidad a aquella situación y comentó:

– ¡No seáis membrillos!, que todos hemos progresado en la vida y tenemos éxito ¿De qué os quejáis?

Nuevamente silencio… Esta vez ni Jon se atrevió a interrumpirlo.
Al de un rato Miren empezó a contar una historia:

– El mes pasado trabajé como consultora en una gran empresa dinamizando un equipo para mejorar el servicio de atención al cliente. Para mí aquel proyecto era pan comido. ¡cuantos habré hecho similares!.

– Hablé con el gerente sobre cual era la política de la empresa, sus objetivos, el plazo y los recursos para hacer el trabajo…

– El gerente me propuso la presencia de cuatro personas muy cualificadas. Yo sugerí incluir también en aquel equipo a la persona que esa misma mañana había visto tan risueña y con tanta vitalidad en la recepción. El gerente puso cara de extrañeza porque una persona de tan baja categoría participase, pero en un gesto de confianza hacia mi, dio su visto bueno.

– Empezamos a trabajar y Lucía, así se llamaba la recepcionista, resultó ser una joya, llena de iniciativa, de buen humor, de imaginación. En cuanto le brindaban una oportunidad, estaba dispuesta a aprovecharla.

– Cuando concluimos el trabajo y en reconocimiento a la aportación de Lucía, decidimos que fuese ella quien expusiese las propuestas y las conclusiones.

– Inicié yo la sesión de presentación de resultados y al de poco le di la palabra a Lucía. El gesto de incredulidad del gerente no paso desapercibido para nadie.

– Lucía no se amilanó e hizo una exposición muy digna.

– Al concluir todas las miradas se dirigieron al gerente que empezó a cuestionar directamente a Lucía sobre la viabilidad de aquellas propuestas. Por el tono agresivo que se desprendía de sus preguntas se apreciaba que allí había algo personal. Era como si lo más relevante de aquella presentación fuese que una humilde recepcionista se hubiera atrevido a plantear propuestas de cambio que cuestionaban las maneras de tratar al cliente que el propio gerente había instituido hacía ya muchos años.

– Después de varias preguntas que más parecían descalificaciones, el gerente comentó que aquellas propuestas no estaban alineadas con la política de la empresa y me echó una mirada de desaprobación por no haberme dado cuenta antes.

– Los cinco integrantes del equipo se quedaron helados y la cara de Lucía era un poema.

– Y yo no dije nada… es más, convine con el gerente que había que revisar las propuestas.

– Dos semanas más tarde volví para otro encargo de dinamización de otro equipo. Al entrar no le ví a Lucía. Al salir con un poco de culpabilidad pregunté por ella. Me dijeron que estaba de baja por estrés.

Levantando Miren la mirada por primera vez desde que había empezado a contar el relato les preguntó a sus compañeros:

– ¿Os acordáis cuando en el colegio hicimos los alumnos aquella propuesta para flexibilizar los horarios de la biblioteca, que bronca nos hecho el director?

De nuevo silencio

Capítulo II

El silencio se podía cortar.

En esto que se oyen unos pasos y aparece la camarera. Una chica joven y de aspecto desenfadado.

– Vaya ¡qué silencio! ¡Parece esto un funeral! ¡Anímense un poquito que la vida es corta! ¡Viéndoles tan elegantes cualquiera diría que están Vdes. debanándose los sesos para solucionar la crisis esa de los tallos verdes!. Soy Lucía para servirles a Vdes.

Con semejante presentación nuestros amigos empezaron a sonreir. Además ¡qué casualidad! Ella también se llamaba Lucía.

Empezaron a pedir la comida, aunque cada vez que escogían un plato Lucía, con su verbo dicharachero, les reconvenía diciendo:

– Pero hombre, no pidan los platos típicos. Atrevanse a probar las propuestas más exóticas! ¿No ven que si siempre comen lo mismo se van a volver muy aburridos?

Lejos de sentirse molestos, les hacía gracia la espontaneidad de Lucía para decirles abiertamente lo que pensaba.

Cuando se fue para la cocina quedaron con una sonrisa de oreja a oreja. En este nuevo ambienet Maitane comentó:

– Pues yo os quiero comentar un trabajo que me ha salido bordado.
– Me llamaron hace unos meses de una forja del Txorierri para que les hiciera una prospección de mercados a nivel europeo porque las cifras de ventas estaban cayendo escandalosamente.
– Total que tras hablar largo y tendido con gerencia sobre sus necesidades tiré de unos contactos que tenía de trabajos similares que había hecho y coincidió que acababa de cerrar una forja en Chequia y había unos clientes italianos buscando una forja con alta capacidad tecnológica. Salió todo a pedir de boca en un tiempo record.
– Cuando presente los estudios de viabilidad de la operación, incluyendo una serie de pedidos que garantizaban la carga de trabajo de la forja para 6 meses, todo fueron felicitaciones y parabienes.
– Estoy segura que si concediesen un premio a la consultora más eficaz, este año me lo llevaba de calle.

Los compañeros empezaron a felicitarle a Maitane por su buen hacer. Bueno, todos menos Iñaki.

– ¿Qué te pasa Iñaki, no te parece brillante la intervención de Maitane?
– Pufffff, resopló Iñaki.
– Vereis, resulta que a mi también me ha pasado hace poco algo parecido pero con un final bien distinto.

Iñaki volvio a resoplar antes de continuar.

– Yo también acabo de hacer un trabajo para una forja del Duranguesado. La situación calcada. La angustia por pillar nuevos clientes ante la brusca caida de la demanda. Hice una serie de gestiones que concluyeron también con una serie de pedidos de una empresa italiana. Igualmente me felicitaron por mis brillantes gestiones.
– Fui a celebrarlo a un restaurante. Me gusta ir solo para paladear despacio mis exitos. Mientras tomaba en un bar un aperitivo, antes de entrar a comer escucho una conversación de este tenor:
– “¡Vaya putada! Resulta que el capullo de mi gerente nos acaba de despedir a los dos comerciales de la empresa. Resulta que han contratado a un “experto” consultor que no tenía ni repajolera idea del sector. Y claro enseguida ha localizado unos clientes italianos que todos sabemos que son unos marrulleros a la hora de pagar.
– Pero claro el listo del consultor no ha hablado con el equipo comercial. ¿Para qué? Si ya había hablado con el gerente, que de temas comerciales tampoco tiene ni idea.
– He intentado hablar con el gerente para advertirle del riesgo de la operación y me ha puesto a bajar de un burro. Me ha dicho que con mi historial de fracasos a donde voy yo a recomendar a nadie que hacer o cómo me atrevo a cuestionar el trabajo de un experto. Con mucho retintín me ha dicho que él manda y a mi solo me toca obedecer.

– ¡Que impotencia! ¡Vaya combinación un gerente autoritario y un consultor sabelotodo! ¿Pero que le costará a la gente preguntar a quienes estamos más cerca de la realidad?

– Total, que han aprovechado el tema para justificar nuestra incompetencia y para despedirnos. Me lo han comunicado esta mañana justo cuando iba a advertirle al jefe que tengo un amigo que trabaja en contabilidad en la forja del Txorierri que me acaba de comentar que tienen problemas de morosidad con su rimbombante cliente italiano. ¡Que se jodan!

– ¡Como comprendereis me quedé helado! ¿Cómo había podido ser tan ciego?¿Cómo no había contrastado mis investigaciones con el equipo comercial? ¿Cómo me había dejado convencer por el gerente de que el equipo comercial era tan indolente? Y lo peor no fue eso. Lo peor fue que me di cuenta por primera vez que nunca escucho a los equipos, que una vez que fijo un plan voy tras él como un autómata. Siempre me baso en la información de gerencia y en mis propias investigaciones ¿por qué seré tan vanidoso?

Iñaki termino su relato con una pregunta:

– ¿os acordáis cuando vino aquel tipo bajito con bigote a decirnos que había acordado con el directo del colegio cómo teníamos que usar el material deportivo, qué ocurrió?
– Sí, respondió Maitane con un hilillo de voz, que no volvimos a usar el material en todo el año por lo complicado del procedimiento.

Maitane se quedó con la mirada fija en el suelo.

De nuevo silencio.

En esto que se escucharon unas pisadas que anunciaban el retorno de Lucía

CAPITULO III

En esta ocasión Lucía vino apurada, tanto que ni se dio cuenta de que nuevamente en el ambiente reinaba un ambiente de silencio y tristeza.
– ¡Ay ay ay, no me van a creer, lo que nos ha pasado!. Resulta que al cocinero le ha dado un mareo y ha dicho que no puede cocinar, así que de lo pedido nada de nada. Pero me ha dicho el jefe que les diga que no se preocupen que en un pis pas les preparamos algunas viandas. Que Vdes no se van de aquí sin bien comer. Eso sí, va a ser “comida sorpresa”. Fijense que me han dicho que ni les pregunte que quieren porque todo va a ser sobre la marcha, así que no se me impacienten que en unos minutos vuelvo con comida rica rica que diría el Argiñaño. Mientras tanto sigan Vdes parloteando que se oye el murmullo desde la cocina… aunque les advierto que estamos divididos con sus historias algunos lloran y otros nos reimos un rato. ¡Es que es muy divertido oir la “importancia” con que se toman la vida!. Así que por nosotros no se corten que son mejores que la telenovela.
Y antes de que nadie pudiera reaccionar o responder, Lucía ya se había ido. Se miraron los amigos no sabiendo si ofenderse, si reirse, si marcharse… o simplemente seguir las recomendaciones de Lucía y seguir charlando.
Algo había en el tono de Lucía que les hacía aceptar sus comentarios con naturalidad. Era como si su espontaneidad perdida fuese pidiendo “clemencia” para alguien tan descarada como entrañable.
Así que tras unos momentos de confusión y de miradas perplejas fue Jon quien tomo de nuevo la palabra:

– Pues yo también os quiero contar una historia reciente que tiene que ver con mi práctica profesional. De hecho si no me hubiera ocurrido, me hubiera casi reído de vuestras historias, porque hubiera dicho que no me extraña que con esa forma de trabajar tan “clásica” os estéis estrellando. Pero lo mío, y perdonar la inmodestia, es mucho más grave.
– Sabeis que siempre he sido una persona inquieta, he hecho todo tipo de formaciones para estar a la última y que tengo una clara vocación hacia fomentar el desarrollo de las personas y el trabajo de los equipos. De hecho hice poner en mi página web y en mi tarjeta de presentación esta frase: “Especialista en intervenciones avanzadas para la transformación de las organizaciones basándose en las personas”. Algunos me acusaron de petulante, pero yo confiaba plenamente en mi capacidad para despertar la pasión y generar “participasión”. Bueno la verdad es que me acabo de caer de mi guindo y ya no sé muy bien donde estoy, por eso me he apuntado a este taller de consultores
– Os cuento. Tengo un cliente de toda la vida que ya hasta es amigo por todo el tiempo que hemos pasado juntos. Había hecho con él muchos proyectos. Un buen día este gerente me dijo que venía del médico por unas arritmias y que el galeno le había dicho muy serio que o bajaba el ritmo de trabajo o que se iba a llevar un disgusto cualquier día. Total que aproveche su momento de bajón para proponerle apostar por dinámicas de trabajo en las que las personas y los equipos tuvieran más margen de maniobra y para mi alegría me dijo que SÍ. Por fin tenía la oportunidad real de aplicar en una organización de manera global mis maravillosas ideas para transitar hacia organizaciones basadas en personas.
– Dicho y hecho, antes de que se replantease la decisión le di un abrazo para sellar nuestro acuerdo y le dije que confiara, que cuando él se recuperase de su crisis cardiaca ni iba a reconocer aquella empresa
– Como quien dice tome el mando. Reuní al resto del equipo directivo y les dije que Don Manuel, así se llamaba el gerente, me había dado en su ausencia plenos poderes para poner patas arriba el modelo organizativo. Pusieron todos cara de incredulidad pues nunca antes le habían escuchado a Don Manuel hablar con aquellos palabros, aunque por otra parte sabiendo de lo delicado de su estado de salud y de la amistad que nos unía tampoco nadie se atrevió a poner ninguna objeción.

– Por un momento me sentí como Dios, con poder para crear algo a mi imagen y semejanza y claro, ahora veo que se me fue la pinza.

– Lo primero que hice fue parar la empresa un día y reunir a todas las personas para explicarles cual era el proyecto de transformación que ibamos a abordar con plena autorización de Don Manuel. Solo me falto decirles que cuando él volviera le ibamos a recibir con una tarta adornada con velas y tras cantarle una entrañable canción de bienvenida le ibamos a sorprender con una empresa que no iba a poder ni reconocer.

– Las miradas de las personas denotaban mucha incredulidad, cosa con la que ya contaba. A mi también me parecía increíble esa posibilidad, pero confiaba ciegamente en mi capacidad para pilotar aquel apasionante proyecto. Por otra parte nadie expresó tampoco ninguna objeción, así que “¡adelante con los faroles!”.

– Tocado por la mano de Dios, lo primero que les propuse fue que empezaran a hablar en pequeños grupos sobre aquellas cuestiones que consideraban que eran mejorables, aquellas que tal vez debieran ser suprimidas o aquellas que debieran incorporarse para facilitar un mayor espacio donde las personas y los equipos tuvieran mayor capacidad de decisión.

– Cuando empezó la dinámica por pequeños grupos observé que había poco murmullo y bastante incredulidad. Pero yo no estaba dispuesto a perder aquel tren, ¡era mi oportunidad!.

– Así que aunque la puesta en común fue bastante pobre y muy previsible en los comentarios. Cambie la estrategia. Les pedí que “teatralizaran” algunas escenas típicas del día a día para poder reirnos de muchos de los tabúes que subsistían en aquella organización.

– En esta ocasión la emoción subió muchos enteros. Las representaciones fueron tronchantes: Don Manuel repartiendo broncas a diestro y siniestro. Clientes pidiendo plazos imposibles. Conversaciones entre sordos. Consultores poniendo en informes preciosos las mismas palabras que habían recogido en la empresa y cobrando pastizales…

– La gente se empezó a reir. Había muchas emociones retenidas que empezaban a liberarse. Bien me dije: “¡Jon, sos el mejor!”

– En este nuevo ambiente repetimos el ejercicio anterior y ahora si se sentía fluidez en las conversaciones:

En la exposición salió de todo: simplificar procesos, coordinar las distintas áreas de la empresa, mayor contacto con los clientes, apostar por la transparencia, dar más capacidad de decidir a las personas y los equipos, diversificar los mercados, incorporar nuevas tecnologías, …
– Hasta yo me quede sorprendido de la madurez y la creatividad de las propuestas. Sentido común en estado puro. Propuestas que iban al grano, sin sofisticaciones. Todas planteadas en tono positivo… Joder definitivamente tendría que patentar mi “método”.

– Para celebrar esta sesión, sin duda la más productiva de toda la historia de la empresa, nos fuimos a comer. Con una advertencia previa. A la vuelta se trataba de soñar en el futuro por lo que incluso nos permitiriamos 10’ de siesta.

– La comida fue muy animada y sabiendo lo de la siesta el vino corrió con más alegría que otros días.

– A la vuelta y tras la pequeña siesta prometida empezamos, otra vez por grupos a soñar que ya estábamos en 2015.

De nuevo la realidad desbordó la mejor de las previsiones. Visualizaban que habían llegado hasta allí habiendo recorrido los siguientes pasos:

– Acuerdos de colaboración con otras organizaciones para completar gamas de producto y poder acceder a nuevos mercados
– Procesos de capacitación basados en formación entre las propias personas de la empresa
– Equipos autogestionados con un equipo de coordinación general
– Espacios específicos para conversaciones de posibilidades y para soñar
– Proyecto de empresa con espacio para los diferentes proyectos personales
– Don Manuel llevaba ya cuatro años jubilado y se dedicaba a jugar al golf
– …
Tras estos sueños premonitorios empezo la sesión de aterrizaje, o sea “cómo ponerle el cascabel al gato”

– En una tercera y última dinámica primero jugamos al “aterriza como puedas” y después a identificar proyectos para embarcarnos en aquel viaje futurista. Se propusieron varios equipos:

– Uno para diseñar un sistema de comunicación fluido
– Otro para vivir más al cliente dentro de la organización y
– Otro más para empezar a deshacer/rehacer la organización para permitir que lo nuevo tuviera sitio

De forma espontánea surgió un aplauso que unos y otros nos dábamos mutuamente.

Sin duda aquel perfectamente podía haber sido un 14 de febrero, pues todo estaba teñido de mucha emoción y sentimiento.

Ni os cuento que esa noche no pude dormir.

Nos pusimos manos a la obra de inmediato en una nueva fase que bautizamos como “la sorpresa de Don Manuel”. Calculábamos que en 15 días volvería al trabajo y queríamos madurar aquellas propuestas.

En un suspiro de frenética actividad llegó el día de la vuelta de Don Manuel. Se le veía vigoroso. Sin duda, el reposo había sido balsámico.

Nos juntamos todos, ¡a petición de él!. Lo primero que hizo fue agradecernos a todos el trabajo hecho en aquella quincena. Ya estaba informado de la buena marcha económica de la empresa en ese breve periodo.

A continuación nos informó que con unas pastillas ya le habían regularizado su ritmo cardiaco por lo que podía volver a su anterior ritmo de trabajo.

Y por último, la puntilla:

Nos comentó que mientras estaba en la cama había parido un plan para relanzar la empresa:

– Más certificaciones de calidad
– Contratación de varios expertos para superar las dificultades comerciales y tecnológicas por las que atravesaba la empresa y
– Un nuevo plan de incentivos para motivar a la plantilla por resultados
– …
Les dijo que no se preocupasen que él ya había vuelto, que se encontraba otra vez en forma y con muchas ganas de seguir en la brecha.

En ese preciso un ruidoso crac! Cortó la perorata de Don Manuel. Todos le miraron a Julen que con la cara roja de ira acababa de partir el palo de golf con el que el equipo pensaba obsequiar a Don Manuel por la supuesta generosidad con la que había permitido que aquel ilusionante proyecto hubiera nacido, digo fenecido

Todas las miradas se depositaron en mi, mientras Don Manuel concluía justo agradeciéndome mi buen hacer, por haber mantenido la ilusión en aquellos momentos delicados para él.

Cómo veis yo creyéndome el adalid de nuevas formas de hacer empresa y resulta que solo he sabido sembrar frustración y desilusión

Maitane comentó: ¿Os acordáis cuando vino aquella joven profesora de prácticas que nos puso a todos las pilas, qué paso cuando luego volvió Don Látigo?

Sí, respondió Iñaki, que hasta los más dóciles se amargaron.

De nuevo silencio.

En aquel momento un atronador ruido que venía de la cocina les sacó de su ensimismamiento. Pareciera que toda la vajilla del restaurante se hubiera hecho pedazos

Tras unos gritos de histería, escucharon los pasos apresurados de Lucía que según llegó les dijo medio jadeando:

Capítulo IV y último

¡My day. my day, desastre integral, se ha roto toda la vajilla del restaurante!

Cuando el ayudante del cocinero os ha escuchado la historia de Don Manuel se ha cabreado, ha empezado a cagarse en su padre, ha empujado con fuerza un carro que a su vez ha golpeado con el armario en que se guardaba la vajilla y aquello ha sido la hecatombe.

Pero que no cunda el pánico, el comité de crisis hemos decidido en un santiamén que vamos a pedir unas pizzas a Telepizza, platos incluidos, y mientras llegan me han pedido que os entretenga contándoos alguna historia, que bastante nos habéis entretenido ya vosotros.

Sin dar opción a que nadie abriera la boca, Lucía prosiguió:

No sé ni por dónde empezar, así que cualquier comienzo será bueno. Trabajo en este restaurante desde hace un par de meses. No tengo experiencia previa en este mundillo, pero soy una culo inquieto y me gusta ir saltando de trabajo en trabajo. ¡Aprendo mucho observando, escuchando, charlando…!

Mi principal objetivo es divertirme con lo que hago y sentir que la vida corre por mis venas.

Pero claro, esto no siempre ha sido así. Hace tiempo me pasaba la vida corriendo detrás de mis ideales. Hasta que un día descubrí la inutilidad de correr en el desierto para alcanzar los oasis imaginarios. ¡Era muy fatigoso y no valía pa ná! ¿Os suena?

Estaba como en un bucle continuo: objetivo que veía a lo lejos, carrera que me pegaba, brrrrr! decepción por lo ilusorio de la meta y cansancio padre. Pero yo, erre que erre, sin poder espabilar.

Hasta que un día…

me reencontré con mi prima Sofia. Ella de siempre había sido mi modelo de referencia. Mayor que yo, mis padres siempre me la ponían de modelo por lo responsable y trabajadora que era.

Me impactó lo relajada que la vi porque mi recuerdo de ella era también el de una persona que vivía en el agotamiento continuo.

No necesitamos palabras. Según vio la cara con la que le miraba, todo estaba dicho. Ella comprendió que le estaba pidiendo que me explicara que suerte de lección había aprendido para que la compartiera conmigo.

Me empezó a contar su historia aunque al principio no le entendí ni papa. Algo me dijo de que tuvo una experiencia que le permitió DESPERTAR de su letargo. Que consiguió integrar lo que le estaba ocurriendo y entenderse a sí misma: sus miedos, sus obsesiones, sus fantasmas, sus sueños… Y que en ese instante mágico COMPRENDIÓ y al hacerlo le surgió un profundo sentido del humor al descubrir lo limitados y defectuosos que eran sus anteriores pretensiones, danzando de un lado para otro cual mona enjaulada. Y desde ese preciso instante dejo de buscar. Ya tenía en sí todo lo que necesitaba.

Me contó que seguía trabajando como consultora pero desde otro lugar. Se le había caído la venda al darse cuenta de que todo el mundo tiene su propia sabiduría y que cuando se deja hablar a alguien, se permite que emerja esa sabiduría.

Y esto me lo volvió a repetir muy d e s p a c i o:

todo el mundo tiene su propia sabiduría y cuando se deja hablar a alguien, se permite que emerja esa sabiduría

Me dijo que la forma de ayudar a las personas a que se ayuden a sí mismas era ayudarlas a que descubran su propia verdad.

Había abandonado la agotadora tarea de imponer sus creencias y se estaba orientando a posibilitar que cada cual encuentre, dentro de sí, aquello que está buscando.

Para ello me dijo que es fundamental no creerse superior a la otra persona y crear un clima de profunda confianza para dar permiso a cada persona para que hable de lo que realmente desea hablar, para que exprese sus pensamientos, sus emociones, sus temores, sus anhelos…

sin interrumpir,
sin discutir,
sin restar importancia a lo que está diciendo.

Solo escuchar y recibir en silencio. Como me dijo nadie quiere que la rescaten con las creencias de otro.

Me dijo que escuchar de verdad es abandonarte absolutamente a lo que te está ocurriendo. Es soltar toda la información, todas las ideas, todos los conceptos, todos los prejuicios que nos inundan la cabeza y que te impiden conectarte con el otro.

Y por último me dijo mientras me miraba directamente a los ojos que no puedes hacer nada para inspirar a otra persona si antes no te has inspirado a ti misma.

Pero no fue lo QUÉ me dijo, fue CÓMO me lo dijo: el tono, la serenidad, la convicción… Algo se transformó en mi en aquel contacto.

Y desde entonces me estoy dejando de usar mascaras. O por lo menos cuando las uso, lo hago de manera consciente y disfruto disfrazándome, para sacar a pasear algún lado mio con ganas de darse una vuelta por ahí.

Soy yo. Disfruto con lo que hago y comparto con los demás

Por ejemplo hace poco estuve con mi amiga Lucía.Me conto una historia triste a cuenta de que su jefe le había echado la bronca padre. Yo, primero, la acompañé en silencio. Al de un rato le devolví su historia contándosela de una manera cómica.

Se partió la caja. Y entre risas me dijo que iba a cogerse una baja a cuenta del amargado de su jefe

Cuando os vi enseguida me pareció que me ibais a dar mucho juego con tanta seriedad fingida. He disfrutado mucho vacilándome de vosotros, haciéndoos esperar y rompiendo la vajilla para contaros esta historia que sé que os ha llegado muy dentro.

Les miró uno a uno en silencio.

Justo en ese momento llego una motorista con unas pizzas…

Nerea apoyo en la mesa el libro que estaba leyendo.

Se titulaba “Cuentos para aprender a VER. Para personas que buscan nuevas miradas para comprender(se)”

Estaba leyendo aquellos cuentos como parte de un trabajo de preparación para un curso de consultoría que empezaba la semana siguiente.

Abrió la ventana, necesitaba respirar aire fresco. Observó por la ventana a unos niños jugando en el parque con gran griterío. Justo en ese momento escucho una voz que gritaba: “Nerea, ven a jugar con nosotros que lo estamos pasando bomba”

Contactó con su necesidad de escucharse, de descansar, de disfrutar, de aceptarse tal y como era…

Tuvo un impulso. Descolgó el teléfono y se dispuso a llamar a sus dos mejores amigas que “casualmente” se llamaban Sofía y Lucía. Les iba proponer ir esa misma tarde juntas a un spa. Tenía muchas cosas que contarles…

PD: Dado que hoy, 8 de marzo, se celebra el día internacional de la mujer, aprovecho para dedicar este cuento a las mujeres, protagonistas principales de este cuento, y a la parte femenina que todas las personas, hombres y mujeres, contenemos.

Roberto Urrutikoetxea

Parece ser que este viernes va a ser el último día que Roberto Urrutikoetxea va a estar con nosotros en el Departamento.

Trabaja para una empresa a la que se le subcontrata la asistencia informática. Vamos que es el “solucionador de los entuertos informáticos” que sufrimos en nuestro quehacer diario.

Yo creo que lleva unos 10 años con nosotros. Y es una persona impresionante. Yo desde luego me descubro ante él, como técnico y sobre todo como persona.

Siempre disponible, con una sonrisa en la cara, capaz y sobre todo muy humano.

Yo en concreto le he llamado en infinidad de ocasiones en estos años y desde luego, tengo que reconocer , que más de una vez por “tonterías”.( ¡Yo que me creo tan listo para algunas cosas, desde luego para otras tengo mucho margen de mejora! Je je). Y Roberto en ninguna ocasión ha tenido un mal gesto, me ha hecho sentir tonto, me ha recriminado nada… Txapeau!

Por otra parte pienso que es de las pocas personas que trata con cada una de las personas del Departamento, quien sabe cómo nos llamamos cada uno, de qué pie cojeamos y cuales son nuestras características.

Estoy seguro que si hiciéramos una valoración del desempeño profesional y personal de quienes trabajamos en el Departamento estaría en el podio.

Y sin embargo, parece que Lantik, ha modificado su política de subcontratación de servicios de soporte informático en los departamentos, con la consecuencia entre otras, de que Roberto pueda dejarnos.

Seguro que quien ha tomado esta decisión lo ha hecho lo mejor que ha sabido, sin embargo me sorprende que decisiones de esta naturaleza no se contrasten más con las personas afectadas.

Esto me recuerda una anécdota que leí hace tiempo en un libro de management. Explicaba que en una gran empresa de repente cayó el nivel de comunicación entre los departamentos de manera considerable y sin ningún motivo aparente, pues no había habido ningún cambio significativo. Total que se pusieron a investigar cuales podían ser las causas. Y hete aquí que descubrieron un hecho que dejo desconcertado al equipo directivo. Resulta que se acababa de jubilar una persona muy entrañable cuya labor era muy sencilla: repartir con un carrito documentación entre las personas de la empresa. Al jubilarse esta persona se decidió no reemplazar esta plaza pues se consideró que no aportaba valor y que había medios mucho más eficaces para esa distribución de la documentación. Sin embargo resulta que, como las abejas cuando polinizan las flores, ese pasear por cada lugar repartiendo documentos y “comentando” aspectos de la vida social de la empresa había favorecido la comunicación. Sin saberlo, o sabiéndolo, esta persona se había encargado de tejer lazos entre personas de la empresa y claro su ausencia había hecho que emergiera el auténtico significado de su presencia.

Me pongo a soñar e imagino que todavía queda alguna fórmula para poder seguir contando con la colaboración de Roberto y sonrío. Desde luego, considero que su presencia es absolutamente valiosa para este Departamento.

Roberto, pase lo que pase, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento.¡ Suerte en la vida y espero, que sigamos compartiendo lugar de trabajo!. ¡Tu sonrisa es casi tan grande como tú!.

Premie y la innovación en Gestión

Como explica Mikel en el post anterior, algo se está cocinando en Premie. Por decirlo de una forma gráfica hemos echado en la cazuela muchas de las experiencias y lecciones aprendidas en estos últimos 15 años para ver que cuestiones nos están faltando y cuales nos están sobrando.

También estamos buscando ampliar nuestros conocimientos culinarios con platos de otras culturas que representen otras formas de hacer para que el abanico de sabores pueda satisfacer los distintos paladares.

No sé si la mano se nos está yendo con especias picantes, pero es cierto que estamos evolucionando lo que queremos que sea la nueva versión de Premie hacia la participación del mayor número posible de personas.

En las hipótesis que estamos testeando queremos posibilitar que cada aplicación sea genuina, que responda al momento que está viviendo cada organización y que el virus de la innovación penetre en el corazón del sistema de gestión, para que lo nuevo, lo innovador, sea sobre todo la manera de avanzar hacia un nuevo de concepto de organización, porque estamos convencidos de que otra forma de hacer empresa es posible.

Aunque habrá que empezar por tomar conciencia de las creencias que nos tienen, de los supuestos que no cuestionamos y de los deseos que hasta ahora no hemos dejado salir pero que cada vez llaman con más fuerza a la puerta y ya no es posible obviar su llamada

Arbela. Bideak Eginez.