El despertar de Sofía

Este es un cuento que he escrito en el marco de unos talleres de trabajo dirigidos al mundo de la consultoría y que me apetece compartir contigo en la confianza de que es un cuento mágico que puede abrir puertas. Eso sí no te olvides que la puerta más importante se abre desde dentro. Buena lectura.

Introducción en torno a un cuento que se escribió a si mismo

Es este un cuento que nació por casualidad, como tantas cosas en la vida.

Resulta que estábamos preparando unas sesiones dirigidas a personas que trabajan en el mundo de la consultoría y queríamos provocar un espacio de encuentro y reflexión en torno a nuevas maneras de intervenir para facilitar procesos de transformación que pivoten, genuinamente, en torno al protagonismo de las personas.

Y entre las distintas dinámicas que diseñamos yo comenté la posibilidad de incorporar un cuento. Por supuesto, mi intención era que otra persona lo elaborase, ¡bastante había hecho yo con poner la idea!. Pero hete aquí que me devolvieron el guante y me asignaron el encargo. (Desde entonces sólo hago propuestas que si me las asignan estaría dispuesto a asumirlas je je).

Lo primero que quiero reflejar es que ha sido todo un placer idearlo. Me he permitido DISFRUTAR mientras lo soñaba y no me he exigido que cumpliese ningún tipo de estándar determinado. Aunque supuestamente lo estaba escribiendo para otras personas, en el fondo me lo estaba escribiendo, también, para mí.

Seguro que quien me conoce ve huellas autobiográficas. ¡Al fin y al cabo siempre estamos hablando de nosotros mismos cada vez que abrimos la boca!. Lo que sí quiero expresar es que yo cuando releo el texto encuentro muchos guiños a muchas personas con las que me he encontrado en el camino y que me han aportado mucha luz. Así que considero que es un collage de experiencia personal y escucha atenta de otras experiencias que me han tocado por dentro.

Una vez leí un texto que expresaba que “somos el cuento que nos contamos” y me pareció una frase muy sabia. Otro día en cambio leí una exclamación que proponía: “déjate de cuentos” y también me pareció muy sabia.

Así que supuse que ambas expresiones pareciendo opuestas eran sin embargo complementarias. Y desde este enfoque ha surgido este cuento.

No sé si yo lo he escrito o el propio cuento quería ser escrito y me ha utilizado, en cualquiera de las dos posibilidades aquí ha venido expresa y especialmente para ti.

Mi propuesta sería que te dejes envolver por el cuento, que lo sientas por dentro, que te dejes influir y… ¡a ver que aparece!, ¡a ver qué clave descubres que estás precisamente necesitando aquí y ahora!.

Una cosa que te puede sorprender es que siendo tan corto incluya 4 capítulos. Es un guiño a como se gestó. Fue apareciendo en pequeñas dosis. En cuanto el argumento cogía cierto interés, ¡paff! desaparecía como un Guadiana cualquiera. El objetivo perverso era que cada oyente continuase creando su propia historia según las gafas con las que mira su mundo. Por eso precisamente era un cuento que no podía acabar. Tenía que dejar la historia abierta para que tú, si te apetece, la prosigas por aquellos derroteros que te parezcan más adecuados, al menos para tí.

Me atrevo a hacer una petición sin exigencia de cumplimiento. Elige un personaje de la historia, quien te parezca más cercano (o más lejano, tú decides), metete en su piel, observa el cuento desde esa perspectiva y ríndete a lo que te llegue. Lo digo porque sé de primera mano que este cuento tiene magia. Solo hace falta creerlo y de repente…

¡Ah, se me olvidaba! Tres personas muy importantes para mí, ya saben que se lo he dedicado con todo mi cariño.

PD: Este es un cuento con VIDA propia, así que él mismo decidirá cuándo y porque caminos continuar su historia, si es que ese fuera su destino. Seguro que en el momento adecuado lo que tenga que surgir ocurrirá. Estaré atento a las señales.

El despertar de Sofía

Capítulo I

Sofía lo tenía claro. No en vano, ya desde pequeñita sus padres se lo habían vaticinado: “Tú, nena, llegarás a ser algo grande. Tú salvarás el mundo”

Así que desde muy niña se había vuelto muy trabajadora. Se esforzaba por conseguir todo aquello que sus padres le recomendaban. Y por supuesto los estudios ocupaban una parte muy importante de su tiempo.

Por ello no fue de extrañar que a sus 25 años recién cumplidos fuese la alumna más brillante de la facultad y que hubiese cursado varios post grados en las escuelas de negocio más afamadas del entorno. ¡Qué orgullosos de ella estaban sus padres!

Con semejante currículo estaba claro que trabajo no le iba a faltar. Sin embargo ella siempre se exigía lo mejor. Tenía, como fuera, que llegar a ser algo grande.

Por casualidad justo en la época que empezó a buscar empleo le informaron que iba a comenzar un reality en la tele cuyo premio era, precisamente, entrar a trabajar en la empresa de consultoría más prestigiosa del país. No dudó ni un instante. Era el destino quien llamaba a su puerta. Así que allí se presentó con ganas de comerse el mundo.

Las pruebas aunque rebuscadas no supusieron ningún problema para Sofía, ¡tal era su preparación!

Así que no resultó extraño que llegara con relativa facilidad a la final junto con otras dos concursantes.

Sin embargo las nubes negras que aparecieron en el cielo le hicieron presagiar infortunio. ¡Efectivamente!. La última prueba fue distinta. No había que hacer acopio de su capacidad intelectual. Plano en mano tenían que participar en un juego de orientación, para llegar, ni más ni menos que a la sede central de la afamada firma de consultoría.

Mordiéndose la rabia por lo injusto de la prueba, Sofía se propuso vencer nuevamente en esta difícil, por incómoda prueba.

Después de sortear distintas dificultades y perderse en varias ocasiones, las tres concursantes llegaron prácticamente al alimón a la parte final de la prueba. Se trataba de cruzar un caudaloso río para llegar a las puertas de la gloria.

Las otras dos personas enseguida se despojaron de sus ropas y se lanzaron con arrojo al río para cruzar a nado el último obstáculo.

Sofía estaba paralizada: ¡no sabía nadar!. La sensación de fracaso le inundó. La cara de decepción de sus padres le resulto insoportable, así que se puso a moverse desesperadamente a lo largo del río buscando un milagro. Y cuando el agua le llegaba al cuello, ocurrió lo imposible. Encontró una pequeña barca que estaba esperándole para que su destino se cumpliera.

Con gran emoción echó la barca al río y empezó a remar con bríos redoblados. Casi llego al éxtasis cuando adelanto en su barca a las otras dos participantes a mitad del río.

La llegada a su meta infantil fue indescriptible. Se sintió tocando la gloria con sus manos doloridas.

Así que con 25 años llego a su meta y empezó una carrera de éxitos encadenados. Pronto su fama la hizo encumbrarse como la mejor consultora del lugar.

Sin embargo… algo la estaba faltando.

Cuando se permitía algún momento de descanso en su acelerado trabajar oía en su interior un rumor lejano que parecía la quería decir algo. Pero era tan imperceptible que no había forma de escucharlo.

Y así sus éxitos transcurrían paralelo a una decepción tan profunda como inaudible.

Y así transcurrieron otros 25 años de ¿gloría?

Pero el destino, que es caprichoso le estaba esperando tranquilamente en otro recodo del río de la vida.

Así que, de nuevo por casualidad, tuvo conocimiento de que un departamento de la Diputación Foral de Bizkaia organizaba un taller para consultores “diferente”. De hecho se autotitulaba: “Taller de aprendizaje y co-escucha”. Y a modo de tentación preguntaba: ¿Te atreves a transformar tus formas de intervención para facilitar procesos de transformación en las organizaciones?

Cuando recibió la invitación fue como si el tiempo se detuviera. Se quedo literalmente helada. Enseguida la pregunta maldita resonó en su interior: ¿Y si había llegado la hora de cambiar sus maneras agotadoras de hacer consultoría?

Así que no lo dudo. Alguien sin saberlo había preparado aquel taller especialmente para ella.

Cuando llego al lugar lo primero que le sorprendió fue que con su amplia experiencia y sin embargo no conocía a ninguna de las personas que se habían apuntado a aquel extraño taller.

Cuando entabló conversación con la primera persona con la que se encontró, una persona mayor de rostro muy afable, éste le preguntó con curiosidad:

– ¿Para qué has traído esa barca que llevas en la espalda?

Sofía se quedo petrificada. ¿A que se refería aquel anciano con aquella pregunta tan extraña?

Su instinto le hizo galopar hacia el WC en busca de un espejo en el que ver que ocurría en su espalda.

Y al entrar al cuarto de baño contempló con asombro que efectivamente transportaba una barca en su espalda. Pero no una barca cualquiera, era, precisamente, aquella milagrosa barca que apareció en la rivera de un río hacía ya 25 años para ayudarle a cumplir su sueño infantil.

25 años después, aunque no había río que surcar, seguía instalada en su espalda.

De golpe comprendió porque estaba tan cansada, porque le pesaba tanto la vida, porque le costaba tanto encontrar postura en la cama…

¿Cómo podía haber estado tan ciega? ¿Cómo nadie antes la había visto o se lo había dicho?

Aquella barca, salvadora en otra época, se había convertido en una pesada losa

Y allí, delante del espejo se sintió muy triste, agotada, derrotada, vacia… Y Sofía explotó a llorar.

Capítulo II

Pronto sus lágrimas se convirtieron en un río de sentimientos desbordados.

Y conectó con la nostalgia, con su juventud perdida, con sus partes olvidadas, con las exigencias externas, con sus expectativas desmesuradas…

¡Qué paradoja!, la misma barca que supuestamente le había salvado, casí le hunde y ahora reaparecía ¿para sacarla a flote?

Tuvo una intuición. Su cuerpo era su instrumento más fiable para entender qué le estaba ocurriendo, así que decidió recorrerlo con CONCIENCIA.

Cerró los ojos mientras respiraba con tranquilidad y empezó a sentirse por dentro.

Lo primero que le llegó fue el acartonamiento de su cara. Sintió como si siempre hubiese tenido una sonrisa artificial que le había abierto unos surcos falsos en la cara.

Notó una especie de sombra en los costados de los ojos. Cómo si caminará con orejeras, sin poder ver nada de lo que ocurría a sus lados

Al llegar a las sienes sintió que éstas palpitaban. Era como si el corazón palpitara en la cabeza

Sintió la terrible rigidez de su cuello. No era de extrañar si siempre iba de frente y no era capaz de girar su cuello para ver otras perspectivas

Su pecho parecía embutido en una coraza. Coraza con la que se había defendido del mundo, del dolor, de sus miedos. Coraza que le había aislado del mundo, que le había insensibilizado, que se había convertido en su cárcel.

En la espalda notó dolor, peso, los hombros sobrecargados, la zona lumbar dolorida, la parte central aprisionada por aquella barca maldita.

Las piernas, los pies estaban sobre exigidos. Siempre corriendo, siempre soportando sobrecargas.

Se quedó en silencio mientras su rumor interno ganaba en fuerza aunque se mantenía inaudible.

Al abrir los ojos una nueva sorpresa la sobresaltó.

Quien ahora aparecía ante el espejo ya no era la Sofía de 50 años sino una niña asustada de unos 5 años que le miraba entre asustada y suplicante. Esa cara le sonaba vagamente. Era la viva imagen de una niña pérdida, abandonada a su suerte, cansada de gritar sin que la escuchen, ninguneada…

Sintió que era su propia imagen perdida cunado construyó aquel personaje nacido para triunfar.

De nuevo las lágrimas le bañaron el rostro. Pero estas lágrimas no eran de dolor ni de angustia, eran de duelo por ella misma y de fuerza para avanzar.

Estaba sintiéndose y al hacerlo sentía la necesidad de recuperarse a sí misma. Se dio cuenta de que estaba en una encrucijada vital. Era tiempo de actuar, de afrontar sus miedos. No sólo de desprenderse de aquella maldita barca sino de comprender profundamente que es lo que se escondía debajo de aquella barca, para poder soltarla sin temor a coger nuevas mochilas.

Era tiempo de asumir su propio viaje interior para redescubrirse, para reencontrarse, para sentirse…

En aquellos instantes de introspección, el tiempo le pareció eterno. Fue como entrar en otra dimensión del tiempo donde cada instante es una eternidad.

Tras aquella visión de nuevo volvió a aparecer su figura actual. ¿Qué clase de magia estaba ocurriendo? ¿Qué era lo que le impedía ver la realidad? ¿Cuál era la puerta del autoengaño y cual la de la realidad?

De nuevo conectó con su instinto de salvadora del mundo.

¿Qué podía hacer para compartir este descubrimiento con los demás? ¿Qué significado tenía todo aquello?

De repente una idea iluminó su cara

Capítulo III

Se había DADO CUENTA, había ¿comprendido? de donde le venía la carga, el cansancio, el vacío, la falta de ilusión.

Todas aquellas “herramientas” que le habían servido eran precisamente las que, a la vez, le habían robado la vida. ¿Cómo sumar sin restar?

Con su despertar sintió una llamada a compartir su descubrimiento con otras personas. Quería pregonar a los cuatro vientos la buena nueva.

Sí, se convertiría en la apóstol de la verdad.

Empezó a reconstruir los cachos de verdad que había descubierto:

• La conexión con su cuerpo había sido una de las claves. Tenía que integrar su pensar, sentir y actuar
• Su sentimiento de fracaso le había bajado de la nube de éxito hueco en la que vivía
• Su capacidad de escucha le había permitido cuestionarse y cuestionar sus modos de acción
• Pararse, salir de la rutina, había sido fundamental
• Ir al encuentro con otras personas abría nuevas posibilidades, era como ver la realidad con más ojos

A medida que hacía recuento de todos aquellos “descubrimientos” sentía que su puzzle cobraba un nuevo sentido.

De pronto le vino un bajón cuando también se dio cuenta de que haberse dado cuenta de su sombra, de su máscara, de sus mentiras no significaba que ella se hubiese encontrado realmente, que todo estuviese claro, que ahora supiese cómo actuar.

Esto le bajó un poco el ánimo, pero tal y como estaba de excitada no le pareció muy grave esa carencia.

Ahora más que nunca confiaba en sí misma, sabía que dentro tenía todas las herramientas precisas, que su renacida intuición le diría en cada momento que le convenía.

Sí, crearía una nueva escuela, la bautizaría la consultoría conceptual. Sería un proyecto en permanente construcción. Se construiría en red. Apostaría por las estrategias emergentes en lugar de estrategias predeterminadas. Incluiría la impulsión de dinámicas caóticas, profundizaría las contradicciones, integraría los opuestos. Partiría a la vez del malestar y del deseo…

Esta vez, ¡sí!, salvaría el mundo.

De hecho ahora cuando entornaba los ojos era capaz de apreciar hasta el más mínimo detalle. Cuando trataba de escuchar, era capaz de distinguir con claridad sonidos distantes. Lo complejo se volvía simple. En lo simple veía lo complejo. Su intuición se había agigantado.

Ahora la imagen que le devolvía el espejo estaba muy rejuvenecida aunque ya no era una niña. Tenía el brillo de las personas llamadas a cambiar el mundo.

Veía con claridad los conceptos, las claves profundas que explican los fenómenos en los que hay que intervenir. Se percató de la importancia de conectar el deseo profundo de cada persona, de cada organización, de la sociedad para que la energía que se genere permita la transformación de las personas, de los equipos, de las organizaciones, de la sociedad.

Sí, todo encajaba. Juraría que casi podía volar.

Fue corriendo a reunirse con el grupo cuando de repente se dio cuenta que en vez de correr estaba volando literalmente. Y para cuando se dio cuenta no pudo esquivar el dintel de la puerta. Se estrelló con fuerza y cayó fulminada al suelo.

Atontada por el golpe se levanto como pudo. ¿Qué demonios había ocurrido?

Volvió a mirarse al espejo y de nuevo se quedó helada. Vio con horror que donde antes había una barca ahora había crecido una capa roja. Se dio cuenta que vestía una estúpida malla azul y que llevaba las bragas, rojas por supuesto, por encima de la malla.

¡Mierda! ¡Se había convertido en superwoman! ¡Qué fracaso!

Había sustituido un artificio por otro. Aquel disfraz, aquella nueva máscara, aquel pretendido rol salvador… tampoco eran suyos. Había sustituido un vacío por la misma fantasía infantil de salvar el mundo.

Toda la ilusión anterior se transformó en decepción.

En ese momento alguien llamó a la puerta toc toc

Capítulo IV

Volvieron a llamar a la puerta toc toc

Era su pareja llamando a la puerta de la alcoba. Sofía se había quedado dormida tras apagar la alarma del despertador. Todo había sido un extraño sueño.

Se levantó acelerada y fue al baño a mirarse al espejo y…todo normal. No había ni barcas, ni disfraces, ni niñas… simplemente Sofía con sus 50 primaveras y muchas ojeras. Respiró tranquila aunque una sensación de inquietud la embargaba.

Efectivamente tal y como había vivido en el sueño esa misma mañana comenzaba un taller de consultores.

Leyó de prisa el periódico y dos noticias llamaron su atención:

Una que se ilustraba con una fotografía de los remeros de Kaiku trasportando en tierra una trainera y
El anuncio del inminente estreno de una nueva película sobre superman.

Sintió una extraña sensación. No le pasaban las tostadas.

– ¿Te pasa algo, cariño?- le pregunto su pareja
– No, no, es que he tenido un sueño muy raro que me ha dejado inquieta

Se despidió con mirada ausente y se encamino como una autómata al lugar de reunión.

Al llegar le sorprendió no conocer a ninguna de las personas asistentes, “como en el sueño”, pensó.

Tras unas breves presentaciones hicieron una dinámica para conocerse entre los asistentes y a Sofía coincidió con un chico que le contó con pasión dos de sus aficiones: salir en piragua y volar en parapente.

Sofía dio un respingo cuando le escuchó. Tantas casualidades le estaban gritando algo, pero ¿qué?

En esto que oyó su nombre. Le pedían salir a la palestra. Con tantas emociones había olvidado completamente que precisamente a ella, como brillante consultora que era, le habían pedido que diese la primera ponencia para que contara su experiencia y explicase sus modos de intervención.

Se acercó confusa al estrado sin saber muy bien qué contar cuando, de nuevo, tuvo una visión que la dejó helada.

Donde hacía unos instantes veía un colectivo de consultores expertos ahora veía un variopinto colectivo de niñas y niños disfrazados. Unos vestían de superman, otros de futbolistas, algunos de indios, otros de estrellas del rock…

Dos hechos le llamaron la atención.

La mayoría llevaban libros bajo el brazo “Es cómo si hubieran querido aprender a jugar leyendo libros” interpretó.

También las miradas le llamaron la atención sobremanera. A pesar de los atuendos coloristas no había brillo en las miradas, más bien parecían niños y niñas sin permiso para jugar. Ella misma se sintió en la misma necesidad, en la misma emoción, en la misma carencia.

Durante instantes que duraron horas fue repasando uno a uno todos aquellos personajes llenos de mascaras y caretas.

A duras penas recordó que su función aquel día era proponer caminos de avance para que aquellas personas a las que habían secuestrado su capacidad para jugar facilitaran que otras personas y organizaciones jugaran, digo, avanzaran.

En ese momento se percató de una causal alineación, 6 crios seguidos sin libros: un espeleólogo, una bailarina, un buceador, una escaladora, un astronauta y una soñadora con pijama de rayas.

En ese momento algo hizo clic en su interior. De repente el sueño, su vida, su realidad profunda hicieron clic. Tuvo un vislumbre que le ayudó a entender. Por primera vez VIO. Por primera vez las apariencias no ocultaban la realidad.

¡Quiso llorar y gritar a la vez! Pero sabía que esa visión, que ese aprendizaje no era trasladable. Cada uno de aquellos niños y niñas tendrían que hacer su propio descubrimiento, a su ritmo, a su manera, escuchando y escuchándose…

No obstante, se le ocurrió una idea para tratar de ayudarles a que despertaran. Les contaría una adivinanza para que la resolvieran en grupo. Trataría de estimular los restos de su curiosidad infantil embotada.

Y con una voz que le sonó más aflautada que nunca, les dijo:

5 Responses to “El despertar de Sofía”

  1. Borja,
    Gracias por el link, ¡cómo me alegro de poder leer en el curro algo así de interesante y diferente!
    Decirte alguna cosilla, lo primero que sí, que el proceso de escribir refleja experiencias imaginadas, recogidas y/o vividas en propia carne, depende de quien escriba se centrará más en unas que en otras,

    Que veo, parafraseándote a tí, “muchos guiños” a la psicología gestalt, a destacar: la conciencia del cuerpo que te lleva a la comprensión, la sombra, el escucharSE, el hecho de que poseemos las herramientas de autoayuda, la intuición, los opuestos,
    Me parece estupendo que los menciones, al fin y al cabo se trata de conceptos que a lo mejor pasamos por alto a la hora de ser y estar en el mundo y son very important,

    Esta vez un cuento… me ha parecido original ante todo y a la vez demasiado intelectual; integra todos esos conceptos que he comentado antes y otros más, y el final sin resolución me hace pensar en el cuento como algo muy racional y que su respuesta vendrá en la siguiente entrega, (algo así como uno de esos ejercicios que te pone el consultor/a de turno)
    esa sensación que me produce el final junto con la complejidad de los conceptos “roba” magia al relato a mi parecer a pesar de que el final abierto aporte bastante flexibilidad y genere debate (como ya ha sucedido entre nosotros)

    Que sí, que es un tema peliagudo porque me cuesta mucho reconciliar el protagonismo de las personas con la consultoría, mejor dicho, con la figura del consultor/a, en mi supina ignorancia esa figura es la de una persona aparentemente triunfadora con recetas para todo pero que en el fondo ni siquiera ella misma lo cree,
    Así, Sofía se siente horrorizada cuando es capaz de ver, de esta forma cobra un protagonismo haciéndose más cercana al lector/a

    Todo este rollo para no decir que no tengo ni pajolera idea de cómo acabar el cuento, en fin, con todo, me ha gustado y lo más importante es que hemos hablado de Sofía, del tema de las personas, de literatura… y no del Athetic

  2. Gracias a ti, Fatima, por tener la paciencia d leerlo y la generosidad de comentarlo.
    Me parecen interesantes todos tus comentarios.
    La propia experiencia de gestación del cuento impedía que tuviera un final dado. Para mi hubiera sido traicionar el cuento.
    Me parece que para el cuento funcione es preciso que cada cual aporte su propia magia y busque sus propias respuestas y así que cada cual pueda ver lo que está necesitando
    Un abrazo
    PD: Confio que después de este breve oasis sigáis hablando del Athletic ja ja

  3. (…) “Es cómo si hubieran querido aprender a jugar leyendo libros”.

    ¡Qué frase tan cargada de significación!

    Manifiesta, toda ella, la imposibilidad de jugar, imposibilidad de dar salida al placer de la fantasía, de la relación, del conocimiento del otro, de los iguales. Más aún, de jugar con lo sagrado, de profanarlo (lo intocable, lo prohibido) aunque sólo sea para integrarlo (¿no es esto jugar a los médicos?, ¿jugar con el miedo y el terror? y etc, etc) y para comprenderlo.

    La frase es bella por la posición de sujeto que señala en las parcelas de su composición; y las dejaré como están.

    Así que gracias Borja por jugar con las palabras y con la ficción, que siempre tiene que ver con la verdad.
    Abrazos

  4. Adivina la adivinanza… es como si el final no tuviera sentido porque nunca llegas a él. O quizá es que vuelves a empezar. No sé si alguna vez te lo he recomendado, pero creo que te gustaría el blog de Telémaco, alguien a quien no conozco personalmente, pero con quien hace tiempo que crucé el río.
    Disfruta, Borja, que merece la pena, ¿no?
    El blog de Telémaco: http://maldicion-sisifo.blogspot.com
    Pero te recomiendo, sobre todo, sus posts recursivos.

  5. Gracias Julen por la sugerencia visitaré el blog que me recom,iendas, seguro que es inspirador. Sobre lo que planteas de la adivinanza, en algún lugar leí que el “viaje” que hacemos por la vida es para llegar al punto de partida y verlo con nuevos ojos, cómo si fuera la primera vez.

    Gracias también a ti Mikel. Sobre lo que comentasa decirte que la idea de “niños cargados de libros” se me ocurrió sobre la marcha en la sesión. Se había planteado por parte de algunos consultores la necesidad de contar con “metodos” que faciliten las maneras de intervenir en procesos de transformación. Yo lo sentí cómo el que busca fuera lo que está dentro: la capacidad de captar lo que está ocurriendo para buscar la pregunta, la dinámica que puede poner a la empresa en clave de búsqueda. Igual que jugamos desde el deseo y no desde ningún libro ajeno de instrucciones.

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Arbela. Bideak Eginez.