Sobre adivinanzas, aporías… y otras reflexiones personales

Como recogen brillantemente en otros posts Mikel y Sivia recientemente hemos celebrado una nueva sesión del taller sobre “nuevas formas de intervención en la consultoría”. Sus comentarios y crónicas ilustran lo allí acontecido.

Yo aquí me quiero referir a un “juego de adivinanza” que Alfonso y Maite nos plantearon en esta sesión.

Empezaré por indicar que según la wikipedia el concepto de aporía hace referencia a los razonamientos en los cuales surgen contradicciones o paradojas insolubles. Añade que debe observarse que muchas especulaciones que en su momento fueron consideradas aporías (es decir paradojas irresolubles) luego han sido resueltas merced a los avances cognitivos o a los cambios de paradigma o de cosmovisión.

Y es que así, en formato de ¿juego? se nos planteó la siguiente adivinanza/aporía:

“En (casi) todos los debates que se abren últimamente –y que vienen de antiguo- hay una problemática continuamente presente: ¿Por dónde empezamos? ¿Por cambiar la sociedad (sus instituciones/organizaciones)? ¿O por cambiar a las personas?.Evidentemente, estamos ante una aporía. Pues la sociedad no es otra cosa que una constitución de las personas que la componen, aunque paulatinamente los focos de poder determinen unos u otros comportamientos. Y las personas vienen instituidas –al menos parcialmente- por la sociedad en la que nacen, se socializan y de desenvuelven.De esta aporía se deriva un doble error:
• Cambiar las formas estructurales de las instituciones u organizaciones, esperando que esto cambie el futuro. Absurdo, puesto que las personas que las componen siguen asumiendo sus propios roles sin modificarlos sustancialmente, y estos roles son los constituyentes de la sociedad.
• Cambiar a las personas, dotándolas de cualidades excepcionales para desenvolverse en un mundo cruel. Estúpido, cuando no meramente manipulador, ya que las personas se socializan y desenvuelven en el seno de las instituciones, de sus normas y leyes, de su sabiduría convencional. El ser humano es un ser social, y se desenvuelve en su contexto, con ligeras variantes. Así, teorías U, V, W, X, Y, Z… son puro artificio, cuando no un intento de integración complaciente de la persona en un contexto dado que, precisamente, no es muy acogedor. Las corrientes marginales del psicoanálisis ya hablaron de esto…
Por ninguno de los dos caminos hay resolución de la aporía… ¿Entonces?

Yo me he devanado los sesos tratando de buscarle respuesta y de momento no la encuentro. Así que interpreto que algo les pasa a las gafas (o a los ojos) con los que miro la realidad que se me escapa. Me acojo a la interesante aportación que recoge la wikipedia relativa a que aporías que fueron, dejaron de serlo cuando se ha cambiado posteriormente el paradigma o la cosmovisión.

Así que tendré que empezar por cuestionarme el observador que soy para que un poco de luz penetre entre tanta penumbra.

Cuando reflexiono sobre esta cuestión intento aterrizarla en mi realidad laboral: trabajo en una administración en la que conviven esquemas burocráticos muy normalizados con espacios casi escondidos donde nuevas posibilidades pueden emerger desde la ilusión de equipos pegados a la realidad en conexiones casi mágicas.

Traduciendo la adivinanza a mi realidad, replanteo la cuestión a:

¿Tengo que ser yo (la persona) quien cambie? Para, por una parte ser yo mismo el cambio que quiero en el mundo, para que al cambiar yo, mi círculo más próximo de influencia y, poco a poco, parte del sistema se vaya alterando o

¿Tengo que trabajar, en colaboración con otros, para que las condiciones organizativas cambien de forma radical? y así se cree un contexto en el que otra forma de trabajar y de dar servicio desde la Administración sea posible.

Imagino que es una mezcla de ambas porque analizando las dos posibilidades por separado cada propuesta tiene sus pros y sus contras.

Una parte de mi me pide empezar por dar ejemplo y empezar yo por practicar aquello que demando de, en este caso, la Administración para cargarme de legitimidad al reclamar.

Esta vía también me trae una mezcla de ilusión con mucho agotamiento, pues tratar de nadar a contracorriente tiene mucho riesgo de perecer ahogado.

También me hace a ratos cuestionarme si puedo ser “el tonto útil” que con su bienintecionado intento solo contribuye a perpetuar un sistema que solo puede ser cambiado de raíz para ser regenerado.

En el otro lado de la ecuación siento mi pequeñez para influir en un cambio organizativo necesario para desbloquear tantos circuitos cortocircuitados. Me siento incrédulo con que los gestores del sistema estén dispuestos a transformarlo pues sería hacer una especie de hara kiri sistémico (Otra posibilidad es que practiquen equitación y que se caigan de su caballo, como dicen que le ocurrió a San Pablo).

Supongo que una de las maneras de resolver esta adivinanza es negar la mayor. Esto es, intuir que no se trata de elegir entre A o B para pasar a elegir A y B que están relacionadas de manera dialéctica.

Según el contexto, la organización, el momento, habrá que buscar la combinación adecuada de cambio personal/cambio organizativo, o no ¿quien sabe? (Mejor voy a pedir el comodín del público y voy a acogerme a la máxima socrática de “Solo sé que no sé nada” que queda muy socorrido para estas ocasiones).

Algo de luz vislumbro en un artículo que nos pasó Alfonso Vázquez titulado “Venir entre el deseo y el poder” en el que apunta que la lógica ilógica del sistema presenta fallas, grietas, fuentes de malestar colectivos… en los que se puede intervenir cuando conectamos con nuestros deseos para rellenar esos espacios de una simiente que pueda alumbrar algo nuevo.

Se admiten otros puntos de vista. S.O.S. ¿Qué opinas?

3 Responses to “Sobre adivinanzas, aporías… y otras reflexiones personales”

  1. Gracias, Borja, muy interesantes tus reflexiones… ¡y provocadoras de otras! Aun cuando trataré de escribir algo, adelanto, cuando se aproxima la hora de cenar, una cita de Popper, filósofo contradictorio como todos nosotros, pero que trató de imaginar una “sociedad abierta” e identificar a sus enemigos. Es de hace casi cincuenta años… (ya veis qué poco cambia la esencia de las contradicciones):
    “De otra parte, los problemas conectados con la incertidumbre del factor humano tienen que forzar al utópico, le guste o no, a intentar controlar el factor humano por medio de instituciones y extender su programa de tal forma que abarque no sólo la transformación de la sociedad, según lo planeado, sino también la transformación del hombre. […] El utopista bienintencionado parece no advertir que este programa implica una admisión de fracaso aun antes de ser puesto en práctica. Porque sustituye su exigencia de que construyamos una nueva sociedad que permita a hombres y mujeres vivir en ella, por la exigencia de que moldeemos a estos hombres y mujeres para que encajen en su nueva sociedad. Esto claramente hace desaparecer toda posibilidad de contrastar el éxito o fracaso de la nueva sociedad. Porque los que no gustan de vivir en ella, sólo demuestran por este hecho que aún no son aptos para vivir en ella; que sus impulsos humanos necesitan ser organizados más aún. Pero sin la posibilidad de contrastes o pruebas, cualquier afirmación de que se esté usando un método científico queda sin base.”
    ¿Seguimos?

  2. No te quepa duda de que hay muchos resquicios por los que hincarle el diente a todo esto. De eso no debemos tener dudas.

  3. La repetición léxica es un recurso expresivo con diversas utilidades. En contextos retóricos puede servir para subrayar la importancia de una palabra y su significado, o bien para producir un efecto de énfasis emocional.
    En el contexto de la oralidad, remite a la característica de ausencia de planificación de este tipo de discurso, cualidad que puede ser imitada en contextos retóricos.
    En otras ocasiones, la repetición léxica se produce porque la palabra repetida es el significante de la realidad elegida o impuesta como tópico o tema para el desarrollo del discurso o de parte de éste.
    Un cuarto contexto de la repetición —y sin ánimo de agotar el tema— es la condición biológica de niñez por parte de quien emite el discurso; como es sabido, la repetición forma parte del lenguaje infantil en sus más tempranas etapas. De ahí, por ejemplo, que las nanas, las canciones para niños contengan tantas repeticiones.
    Este comentario no tiene que ver con el tema del post, sino con los comentarios. Por lo que bien puede borrarlo el responsable del blog, si considera que así debe hacerlo.

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