Preguntas que pueden abrir reflexiones y conversaciones

El pasado viernes 27 de noviembre hemos celebrado en los locales de la Cámara de Comercio de Bilbao una jornada de trabajo que hemos titulado: “Explorando propuestas para desplegar el conocimiento en las organizaciones: 4 experiencias 4 miradas”.

La verdad es que ha sido una experiencia muy gratificante. La sala estaba llena. El interés por las presentaciones era palpable. La diversidad de las propuestas enriquecedora.

En mi caso particular sentí la cercanía de varias de las personas del servicio de innovación, de muchos miembros del foro de Itaca, de consultores y gente de empresa…

Como su propio título indicaba se trataba de “explorar”, de conocer de primera mano 4 experiencias, 4 historias, 4 interpretaciones… distintas, complementarias, contradictorias.

Por otra parte se ponía el énfasis en “desplegar el conocimiento” más que en gestionarlo. El acento es de qué maneras se facilita que el conocimiento fluya, crezca, genere conexiones…

Me toco cerrar la sesión presentando, según el programa, las conclusiones de estas experiencias.

Me pareció muy pretencioso por mi parte tratar de concluir nada. Me parecía contradictorio con la propia esencia de la jornada. Nada está concluido, todo está en permanente estado de transformación, así que ¿qué podía concluir?

Como se expuso en las presentaciones lo único relevante es la EXPERIENCIA. Por lo tanto lo importante es lo que cada uno nos llevamos. Así que les propuse un ejercicio. Se trataba de que cada persona rescatara de lo escuchado-sentido:

• Una propuesta que le hubiera impactado (sorprendido)
• Una idea que le hubiese cuestionado una creencia previa
• Algo nuevo que quisiera experimentar
• Una idea que quisiera compartir/conversar con otra persona
• Una acción que podía hacer para mirar la realidad con nuevos ojos

Dicho lo cual renuncié a presentar ninguna colección de presuntas conclusiones, que posiblemente sólo hubiera compartido una pequeña parte del auditorio, y decidí “regalarles” una serie de preguntas para que cada cual ponga encima de su mesa aquellas cuestiones que le importan. Y es que muchas veces ocurre la apariencia oculta la realidad y entonces nos quedan las preguntas que cómo si fueran llaves permiten abrir cerraduras, si bien cada llave sólo abre la cerradura correspondiente.

Las preguntas que deje flotando en el ambiente fueron las siguientes:

• Si definimos el conocimiento como la conexión entre pensamiento, emoción y acción, ¿cómo activamos en nuestras organizaciones la conexión entre el deseo, la reflexión y la acción?
• ¿Cómo nos fijamos en el tipo de observador que somos? ¿Qué nos preocupa? ¿Qué nos da miedo? ¿Qué nos ilusiona? ¿Cómo andamos de confianza?
• ¿Cómo son los tipos de conversaciones que se dan en nuestras organizaciones? ¿Se habla con apertura, se respira miedo, cómo se trata el error, cómo se alienta lo nuevo, hay libertad, se fomenta la cooperación?
• ¿De qué maneras las estructuras organizativas promueven o impiden el despliegue del conocimiento?
• ¿Cómo se nos da eso de soñar, de compartir sueños?
• ¿Oímos o escuchamos?
• ¿Observamos con atención o ya nos lo sabemos todo?
• ¿Nos paramos de vez en cuando para darnos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor y de lo que nos ocurre cuando ocurren las cosas?
• ¿Qué nos falta o qué nos sobra? ¿Faltan contextos organizativos, espacios conversacionales? ¿Sobran procedimientos, normas, jerarquías, certezas?
• ¿Qué es más necesario aprender lo nuevo o desaprender lo viejo?
• ¿Cómo vivimos la diversidad, la búsqueda de la unidad y su relación entre ellas?
• ¿Y si todo fuera más sencillo, y si todo consistiera en renunciar al control que nos controla y lo que hubiera que hacer es aprender a surfear la ola?
• ¿Y si se tratara de aceptar el caos, las incertidumbres y confiar en nuestras capacidades y en los equipos?

En fin, preguntas para despertar reflexiones, abrir conversaciones, traer a primer plano aquello que nos preocupa para en vez de evitarlo afrontarlo.

Preguntas para bucear en busca de respuestas, para conectar con los demás, con nuestros sueños, con nuestros deseos

Preguntas para crear, para dudar, para discrepar…

¿Y las respuestas? Esas cada uno a nuestro ritmo tendremos que ir buscándolas, conociéndonos mejor, conversando con los demás

¡Que en la exploración de las respuestas surjan nuevas preguntas!

Algo me pasa a mí con esto de hacer preguntas. Este post me conecta con un texto que escribí hace tiempo y que Julen recogió en un post titulado “27 preguntas que darán mucho juego” y que genero cierto debate.

Veamos el recorrido de esta nueva propuesta.

2 Responses to “Preguntas que pueden abrir reflexiones y conversaciones”

  1. Ahora que he sacado un rato voy a intentar dar mis respuestas a las preguntas que plantea Borja:
    • Si definimos el conocimiento como la conexión entre pensamiento, emoción y acción, ¿cómo activamos en nuestras organizaciones la conexión entre el deseo, la reflexión y la acción?
    Estableciendo conexiones emocionales entre las personas del equipo estando conectadas con la consecución de un fin común compartido y en el que están ilusionados todos. Ej. http://www.euskonews.com/0081zbk/elkar8101es.html
    ¿Cómo hacemos para llevar la ilusión por la montaña a las “organizaciones?”. Quizás deberíamos partir por: a qué nos dedicamos?, PARA QUÉ?
    • ¿Cómo nos fijamos en el tipo de observador que somos? ¿Qué nos preocupa? ¿Qué nos da miedo? ¿Qué nos ilusiona? ¿Cómo andamos de confianza?
    Yo hasta ahora no me preocupaba por el tipo de observador que era porque desconocía que existiesen más de un tipo. Gracias a la lectura del libro “Mapas para el observador” de Carmen Duhne, Ramiro Garza y Ana María Quintanilla Ed. Deinn Consultoría 2008(2ª edición), que nos ha recomendado Praxis, lo he aprendido? y lo estoy tratando de poner en práctica aunque no siempre se hace fácil actuar como observador 2(el que contempla desde el punto de vista del interlocutor) en algunas ocasiones y según ante qué ideas-acciones-personas. En cualquier caso, tengo la confianza de que se pueden conseguir grandes satisfacciones a base de entrenar los diferentes tipos de observador y dejando de lado el actuar como obsevador 1( yo, con mis juicios y circunstancias)
    • ¿Cómo son los tipos de conversaciones que se dan en nuestras organizaciones? ¿Se habla con apertura, se respira miedo, cómo se trata el error, cómo se alienta lo nuevo, hay libertad, se fomenta la cooperación?
    Yo creo que varía de unas a otras organizaciones. En unas hay confianza, en otras miedo pero todavía creo que, por desgracia, hay muchas en las que impera la imposición y el miedo y en las que, por tanto, no se dan las condiciones necesarias para probar nuevas formas, innovar, y aceptar los consiguientes errores. En este último tipo de organizaciones impera el “sálvese el que pueda” con lo que la cooperación suele ser más bien escasa. Pero seguro que hay buenas organizaciones de las que aprender. Tenemos que conseguirlo, ¿por la cuenta que nos trae!
    • ¿De qué maneras las estructuras organizativas promueven o impiden el despliegue del conocimiento?
    En mi opinión, las organizaciones que cuentan con personas implicadas en una ilusión común anteponen el objetivo común al personal , asumen las acciones-decisiones(conocimiento) que deberán tomar cada uno y lo encuentran disponible en la/s correspondientes personas del equipo
    • ¿Cómo se nos da eso de soñar, de compartir sueños?
    Los sueños deberían girar en torno a lo que vamos a hacer. ¿Qué nos ilusiona de verdad? ¿Qué puedo hacer yo que me interese? ¿Cómo puedo colaborar a hacer lo que yo considero como una sociedad “mejor”?. Con quién me debo asociar para lograr un objetivo común?. De eso deberían tratar nuestros sueños, si fuera posible controlarlos- que dicho sea de paso, casi mejor no, jeje-. Y, por otro lado, ¿cómo trasladamos nuestros sueños y ambiciones positivas a otras personas que quieran/queremos participar/que participen?. Supongo que en la gestación de las cosas-proyectos es el clímax de la ilusión pero tendríamos que mantenerla y saber contagiarla ó que nos la contagien
    • ¿Oímos o escuchamos?
    En mi opinión, oímos más que escuchamos y, en algunas cosas ni oímos ó, a lo sumo, un ruido de fondo porque, en realidad, hemos apagado nuestros receptores. Debemos tener la humildad de pensar lo que nos pueden aportar todas las personas. Somos unos engreídos patológicos. No nos paramos a pensar la riqueza que encierra todo ser vivo. La escucha es una disciplina básica que debemos practicar.
    • ¿Observamos con atención o ya nos lo sabemos todo?
    Creemos que nos lo sabemos todo. Pero, ¿cómo es posible?. ¿No somos conscientes de la insignificancia del ser humano?. ¿No somos conscientes de la imposibilidad de saber qué es lo que ocurre en nuestras organizaciones, en la cantidad de interacciones que se dan permanentemente?. Por tanto, tenemos que basarnos en la confianza de los demás y en el conocimiento que nos aportan.
    • ¿Nos paramos de vez en cuando para darnos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor y de lo que nos ocurre cuando ocurren las cosas?
    Quizás hasta ahora nos hemos podido permitir no hacerlo pero, no ahora. No en esta sociedad hiperactiva que no sabemos muy bien hacia dónde va ni para qué. Tenemos que parar, tenemos que bajar el ritmo y dar marcha atrás para coger perspectiva de lo que está ocurriendo y cómo podemos manejarnos ante esa situación. Y, en mi opinión, las organizaciones no actúan sino como un reflejo de lo que ocurre en la sociedad y viceversa.
    • ¿Qué nos falta o qué nos sobra? ¿Faltan contextos organizativos, espacios conversacionales? ¿Sobran procedimientos, normas, jerarquías, certezas?
    Sobran algunas normas, sobran algunas jerarquías, y algunas certezas y falta imaginación, responsabilidad y humildad para preguntar. Yo aprendí mucho de un jefe mío, Ramón, que me decía, de malos modos, “¿para qué dices que sí, si no has entendido?”. Efectivamente, desde la aceptación de la ignorancia no puede surgir nada bueno
    • ¿Qué es más necesario aprender lo nuevo o desaprender lo viejo?
    Hay que estar abierto a aprender-ser consciente de qué es lo que no funciona, conocer nuevos(buenos) modos de actuar y abandonar las malas(¿viejas?) creencias. Quizás esto sea como lo “del huevo y la gallina” qué es primero ¿aprender ó desaprender? pero es verdad que desde la abundancia es difícil renegar de los métodos que nos han hecho obtenerla. De ahí quizás, lo necesario de las crisis.
    • ¿Cómo vivimos la diversidad, la búsqueda de la unidad y su relación entre ellas?
    Debemos no sólo aceptar la diversidad sino reconocer el valor que nos aporta. A mí me llenaría de alegría ser capaz de bajar el ritmo y, por tanto, tener tiempo para apreciar(y aprender para actuar de) la riqueza de otras culturas, otras personas, otras formas de pensar, otros lugares. And I try, and I try but…
    • ¿Y si todo fuera más sencillo, y si todo consistiera en renunciar al control que nos controla y lo que hubiera que hacer es aprender a surfear la ola?
    Efectivamente. Visto que luchar contra la ola-pared es una tarea poco grata tendremos que aprender a surfear- en ello estamos no?- por ahora con el txanpero.
    • ¿Y si se tratara de aceptar el caos, las incertidumbres y confiar en nuestras capacidades y en los equipos?
    Tenemos que hacer ver a nuestros equipos que los necesitamos y que sin ellos la cosa no funcionará. Tenemos que llegar a una situación en la que todos/as somos imprescindibles(sí todos/as somos imprescindibles) y –no intercambiables- a partir de la confianza por el continuo aprendizaje-acción de cada uno.

  2. Respondo a las preguntas haciendo un mix de las respuestas…
    Un mecanismo que puede estar impidiendo propiciar cambios es el no-visionado hacia adentro. No hay cuestionamiento de nuestros estereotipos y prejuicios, de los esquemas mentales que nos articulan; creemos conocernos y conocer las leyes que nos hacen ser como son. Pero creo que es una ilusión óptica. Aprender-se y comprender-se creo que son asignaturas suspendidas en las personas.
    Sobre las conversaciones que se generan en una empresa o en cualquier otro entorno, coincidiremos en que son muy significativas de lo que en realidad hay. Poder escuchar estas conversaciones, e incluso participar de ellas, creo que es un ejemplo de “preguntar a la realidad”, una de las herramientas propuestas en Guías para la Transformación.
    Y sobre si las estructuras promueven o no el despliegue del conocimiento, me atrevería a decir que no es tanto la estructura sino la cultura creada por ella. Ha de generar espacios, relaciones y sobre todo PERCEPCIONES de confianza. Si viramos a eso de que “la realidad no existe, lo que existe son percepciones de una posible realidad”, habría que intentar descender a lo que las personas perciben de lo que se hace.
    Y…. para todo ello…… aprender cada día! Aprendiendo lo nuevo -aprehendiendo de verdad- se desaprende lo viejo.

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