Explorando los caminos de la (auto)motivación

El pasado 9 de marzo celebramos una reunión del foro Bilbao. Si bien en esta ocasión la asistencia fue reducida, la sesión, como siempre, fue muy nutritiva.

Nos habíamos convocado para hablar sobre un tema tan interesante como polémico: el de la MOTIVACIÓN (Con mayúsculas).

Empezó Rosana Agudo transmitiéndonos algunas de sus vivencias personales del viaje a la India, concretamente a Bombay, que acababa de realizar. Lo definió como un encuentro con personas soñadoras. Nos explicó que había estado en Auroville, un lugar donde se pretende que las relaciones humanas sean de cooperación y de aprendizaje.

De su exposición entresaco las siguientes ideas:

– Tenemos que buscar en uno mismo las fuentes de (des)motivación
– Muchas veces buscamos soluciones distintas sin hacer nada diferente
– Tenemos que permitirnos ser y mirar en otros espacios para ver lo que hasta ahora no hemos sido capaces de ver, aunque siempre haya estado ahí, enfrente de nosotros

A continuación Inaxio Ciarsolo tomo la palabra y empezó diciendo que en esto de la “motivación” no hay recetas. Nos animó a tener en cuenta una serie de factores que sabemos pero que a veces parece que olvidamos.

Hay que partir de la subjetividad de cada persona. Cada persona vemos la realidad teñida de nuestras emociones, de nuestros esquemas mentales y así “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”.

Planteó también la importancia de la automotivación. Y en ese sentido apuntó que las persona nos automotivamos por el valor de lo que esperamos conseguir y por las expectativas de éxito que pueda tener para conseguir ese valor.

Señaló que no se trata de trabajar más o menos, sino de trabajar MEJOR y para ello es clave que el trabajo a desarrollar sea interesante para la persona que va a desarrollarlo.

Comentó también que las estrategias orientadas a valores extrínsecos (reconocimientos, incentivos…) pueden tener un impacto a corto plazo, pero incluso puede matar las posibilidades de desarrollo futuro, por lo que apostó claramente por los valores intrínsecos.

Es preciso que las personas tengamos nuestro espacio de desarrollo personal en el trabajo y que veamos la conexión entre mi actuar y los resultados que se obtienen a nivel organizativo y personal.

Las personas somos capaces de automotivarnos si percibimos que el valor a conseguir es también interesante para mí y que lo puedo alcanzar.

Hay que descubrir de qué maneras las aspiraciones e intereses de la persona y la organización pueden converger. Para ello, hay que aumentar la calidad y cantidad de conversaciones, para que emerjan las subjetividades en las que estamos todos inmersos.

Si pretendemos participación hay que partir de que:

– Somos distintos
– Buscar elementos de interés común
– Buscar formas de trabajo interesantes y que conecten con cada uno

Se habló también de la imposibilidad de motivar a otras personas y de enfocar esta cuestión en la construcción de contextos que permitan el despliegue de las capacidades de las personas. Para ello hay que buscar “proyectos anchos” donde también quepan los intereses y las necesidades de las personas que (con)formamos las organizaciones.

Y es que el mayor despilfarro es la escasa utilización de las capacidades de las personas que además convive con gerentes sobrepasados que no invierten en desplegar responsabilidades. Y es que el principal cuello de botella suele estar en la cúspide de las organizaciones por la manera de interpretar el reparto del poder.

Preguntas que surgieron fueron por ejemplo:

– ¿Qué sembramos?
– ¿Cuál es nuestro nivel de coherencia?
– ¿Quiero tener razón o quiero que las cosas sucedan (funcionen)?

A la hora de plantear por donde empezar estos procesos se habló de la importancia de la actitud más que de las herramientas. Se habló que la visión a corto plazo suele ser una rémora. Se dijo que es preciso tener paciencia, perseverancia para ir creando nuevas condiciones que favorezcan nuevas formas de trabajo en equipo, de desplegar el poder, de emerger el protagonismo de las personas sobre las estructuras…

Se acabó hablando de la importancia de aceptar a las personas tal y como son y de ir dándose cuenta de las claves profundas que explican cómo nos comportamos para que en las organizaciones las personas encontremos nuestro sitio sin coartar la enriquecedora diversidad.

Al cierre de la sesión hablamos de la posibilidad de organizar el próximo encuentro de forma conjunta con las personas que componen el foro de Lea Artibai para conocernos y compartir experiencias. El plan de trabajo gira en torno a las propuestas que Maite Darceles nos hace en su reciente publicación: “Guías para la transformación”.

Esa será otra crónica

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Arbela. Bideak Eginez.